lunes, 19 de enero de 2015

1 TIMOTEO 5. UN MINISTERIO RESPETUOSO.

 
1 No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos; 2 a las ancianas, como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza.
Estos dos versículos dan cuenta del respeto con que debe desarrollar su ministerio el joven pastor y todo ministro de Dios, en su trato con los hermanos cristianos en sus distintas edades.
No es correcto que un ministro de Dios reprenda a las personas de edad, con mayor razón si es un ministro joven. Es indudable que aquí no se trata de los “ancianos” o presbíteros de la iglesia, sino de los de avanzada edad. En la sociedad actual se considera anciano a un hombre o mujer de más de ochenta años, y se habla de la “tercera edad” para los que tienen más de sesenta. Es probable que en la época del apóstol, en una cultura greco-romana que valoraba tanto lo físico, fuese considerado anciana alguien mayor de cincuenta años. Los pastores y predicadores deben respetar a los de mayor edad en la iglesia, por respeto a sus años de experiencia y porque podrían ser sus padres. Lo único que cabe es la exhortación, es decir persuadir con palabras apropiadas, razones y hasta ruegos acerca de aquel asunto que está mal en la vida del anciano o anciana. Para que deje de pecar o cometer un error, el ministro lo tratará con respeto, procurando convencerlo para que cambie de actitud, pero jamás le obligará. Hágalo como si fuera su propio padre.
En el caso de predicar o discipular a jóvenes, actúe como si fueran sus propios hermanos, respetuosamente, poniéndose en el lugar de ellos, teniendo en cuenta las dificultades que vive la juventud en su proceso de crecimiento y en su paulatina adaptación a un mundo adulto lleno de exigencias. El testimonio del ministro joven es fundamental; él debe enseñar con su propia experiencia a los jóvenes de la iglesia.
 
La relación del ministro con las ancianas de la comunidad cristiana será, al igual que con los ancianos, como si ellas fuesen su madre. A una mamá se le trata con respeto, cariño, delicadeza, amor, consideración. Es bueno que la esposa del ministro de Dios le apoye con su testimonio. Ella será un ejemplo para las hermanas, en una relación exenta de autoritarismos y más que nada, respeto.
Las jovencitas son vidas en crecimiento, vasos frágiles que requieren ser enseñadas con delicadeza, usando un lenguaje adecuado y respetuoso. Tal como trataría a sus hermanas, con toda pureza, predique a las niñas y jóvenes.
 

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