jueves, 26 de noviembre de 2015

1 TIMOTEO 6: DEBERES Y DERECHOS



1 Todos los que están bajo el yugo de esclavitud, tengan a sus amos por dignos de todo honor, para que no sea blasfemado el nombre de Dios y la doctrina. 2 Y los que tienen amos creyentes, no los tengan en menos por ser hermanos, sino sírvanles mejor, por cuanto son creyentes y amados los que se benefician de su buen servicio. Esto enseña y exhorta.

En la época del apóstol Pablo existía la esclavitud. El mensaje del apóstol no está dirigido a que los esclavos se rebelen contra sus amos ni para abolir la esclavitud; no es un mensaje político sino espiritual. Reconoce que la esclavitud es un “yugo”, pero les enseña que respeten a sus amos, que los honren pues están bajo su autoridad. El apóstol siempre visualiza la autoridad que existe sobre todo hombre y mujer: en el matrimonio ve a Jesucristo como cabeza de la familia, al esposo por cabeza de la esposa y a los hijos sujetos bajo sus padres. Nos hace ver todas las relaciones humanas familiares, laborales y ciudadanas, en un orden dado por Dios. Cuando les enseña a los esclavos cristianos a obedecer a sus amos y dignificarlos,  lo hace para que el Señor y Su Evangelio sean respetados. De ese modo muchos amos llegaron al conocimiento del Señor y luego liberaron a sus esclavos, los que se conocía como “libertos”. Para los que tenían amos cristianos, ordena no considerarlos menos por ser hermanos, sino servirlos con amor.

En la actualidad no existe la esclavitud, salvo en algunos lugares del mundo de forma ilegal. Tal cosa no significa que esta enseñanza no sea para nosotros. Si bien es cierto no somos esclavos pero sí estamos sometidos en yugo a un jefe que es autoridad en el trabajo que cada uno realiza. Debemos obediencia y respeto a los jefes, como una mayor consideración en caso de que sean cristianos. No estemos tan prestos a reclamar nuestros derechos, más que a cumplir los deberes que tenemos en el trabajo “para que no sea blasfemado el nombre de Dios”. Hoy en día existe la tendencia a hacer prevalecer la doctrina secular de los “derechos humanos” por sobre los deberes, la obediencia y el orden que nos enseña a respetar la Palabra de Dios. Necesitamos encontrar en la vida cristiana un equilibrio entre derechos y deberes, entendiendo que Dios tiene el mayor derecho a gobernarnos.

Lo que los apóstoles hicieron con su prédica fue sembrar en los corazones la semilla de la fe; enseñaban a esclavos y amos a vivir como hermanos. Con el tiempo esa semilla de fe y amor daría su fruto. Los pastores que siguieron a los apóstoles ya soñaban con una sociedad sin esclavos. La abolición de la esclavitud fue un largo proceso social en el cual la doctrina cristiana tuvo gran peso. 

 

lunes, 19 de enero de 2015

1 TIMOTEO 5. UN MINISTERIO RESPETUOSO.

 
1 No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos; 2 a las ancianas, como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza.
Estos dos versículos dan cuenta del respeto con que debe desarrollar su ministerio el joven pastor y todo ministro de Dios, en su trato con los hermanos cristianos en sus distintas edades.
No es correcto que un ministro de Dios reprenda a las personas de edad, con mayor razón si es un ministro joven. Es indudable que aquí no se trata de los “ancianos” o presbíteros de la iglesia, sino de los de avanzada edad. En la sociedad actual se considera anciano a un hombre o mujer de más de ochenta años, y se habla de la “tercera edad” para los que tienen más de sesenta. Es probable que en la época del apóstol, en una cultura greco-romana que valoraba tanto lo físico, fuese considerado anciana alguien mayor de cincuenta años. Los pastores y predicadores deben respetar a los de mayor edad en la iglesia, por respeto a sus años de experiencia y porque podrían ser sus padres. Lo único que cabe es la exhortación, es decir persuadir con palabras apropiadas, razones y hasta ruegos acerca de aquel asunto que está mal en la vida del anciano o anciana. Para que deje de pecar o cometer un error, el ministro lo tratará con respeto, procurando convencerlo para que cambie de actitud, pero jamás le obligará. Hágalo como si fuera su propio padre.
En el caso de predicar o discipular a jóvenes, actúe como si fueran sus propios hermanos, respetuosamente, poniéndose en el lugar de ellos, teniendo en cuenta las dificultades que vive la juventud en su proceso de crecimiento y en su paulatina adaptación a un mundo adulto lleno de exigencias. El testimonio del ministro joven es fundamental; él debe enseñar con su propia experiencia a los jóvenes de la iglesia.
 
La relación del ministro con las ancianas de la comunidad cristiana será, al igual que con los ancianos, como si ellas fuesen su madre. A una mamá se le trata con respeto, cariño, delicadeza, amor, consideración. Es bueno que la esposa del ministro de Dios le apoye con su testimonio. Ella será un ejemplo para las hermanas, en una relación exenta de autoritarismos y más que nada, respeto.
Las jovencitas son vidas en crecimiento, vasos frágiles que requieren ser enseñadas con delicadeza, usando un lenguaje adecuado y respetuoso. Tal como trataría a sus hermanas, con toda pureza, predique a las niñas y jóvenes.