jueves, 3 de octubre de 2013

2 TESALONICENSES 2: ATENTOS A LAS SEÑALES DE LOS TIEMPOS.

 
 
“1 Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, 2 que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. 3 Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, 4 el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.”

Los profetas del Antiguo Testamento anunciaron con siglos de anticipación el advenimiento de un Mesías o Cristo a la tierra, que nacería de una mujer virgen de la estirpe del rey David, del pueblo hebreo, en Belén. Con estos y otros numerosos detalles, se cumplió la venida de Jesucristo en el año uno de nuestra era. Él anduvo por Tierra Santa predicando el Evangelio del Reino, sanando y haciendo milagros; formó a doce hombres para el apostolado, con el fin de establecer Su Iglesia; pero lo más importante es que entregó Su vida en la cruz del monte Calvario o de la Calavera, para lavar con Su sangre la herida del pecado de la Humanidad. Prueba de que Su sacrificio fue aceptado por Dios Padre, es que Él resucitó y ascendió hasta el trono de los cielos.

Pero esa es sólo la primera parte de la maravillosa historia del Hijo de Dios. San Pablo comprendió que Jesucristo volvería a este planeta en una segunda venida. Tal cosa también es anunciada en la Escrituras antiguas; el mismo Jesús lo prometió a los apóstoles y fue anunciado por ángeles.

a)      La segunda venida del Mesías es anunciada en el Antiguo Testamento por el profeta Daniel: “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. / Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.” (Daniel 7:13,14)

a)      Jesús lo prometió a los apóstoles en Su profecía sobre el fin del mundo, cuando anuncia “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.  / Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.” (San Mateo 24:30,31)

b)      Lo anunciaron los ángeles cuando Jesús estaba ascendiendo a los cielos y los apóstoles le miraban subir. Dice el libro de Hechos “Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas,  / los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.” (Hechos 2:10,11)

Quizás para algunas mentes incrédulas esto pueda parecer fantasía o ciencia ficción, pero no lo es. Está en la Sagrada Escritura y es “profecía”. Si se cumplieron las numerosas profecías acerca de la primera venida del Mesías ¿por qué no habrá de cumplirse el anuncio de Su segunda venida?

Con respecto a esa segunda venida o regreso de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él, no cambiemos fácilmente nuestro modo de pensar, tampoco nos desanimemos ni confundamos. No pensemos tampoco que ese día es mañana, aunque alguien nos diga lo contrario. Tengamos en cuenta que hay tres requisitos previos señalados por el Apóstol en esta carta:  

a)      La segunda venida de Jesús no sucederá sin que antes venga la apostasía. Ésta es un completo abandono de la fe por los creyentes. Algo de ello se puede constatar en la actualidad con el surgimiento en la sociedad de una actitud agnóstica y atea.

b)      Antes debe antes manifestarse “el hombre de pecado”, llamado también “el hijo de perdición”. Este es el Anticristo, un líder poderoso y admirado que se opondrá contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto. Aborrecerá de los cristianos.

c)      Previo a la segunda venida, el Anticristo llegará a sentarse en el templo de Dios para ser adorado como tal. Se piensa que ese templo no es cualquiera, sino el templo de Jerusalén. Sabemos que tal templo está destruido y de él sólo queda el llamado “muro de los lamentos”. Por tanto deberá ser reconstruido.

Estemos atentos a las señales de los tiempos y no olvidemos lo que profetiza y advierte la Palabra de Dios.