jueves, 18 de agosto de 2011

EFESIOS 6: GUERREROS VICTORIOSOS EN CRISTO.

"12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.”

La vida cristiana es una lucha, una batalla o combate permanente, una verdadera guerra. Así lo dice la Biblia: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne”. De inmediato aclara que esta confrontación no es contra personas de carne y hueso. El enemigo o los enemigos no son el vecino que tira basura delante de mi puerta, el compañero de estudios que me hace “bulling” en el colegio, el jefe que me discrimina por ser cristiano o las personas que tratan de tentarme a que haga cosas que van contra nuestra moral. No, ellos no son los enemigos, son sencillamente los instrumentos o armas de combate que usa el “enemigo de nuestras almas” para sacarnos de nuestras casillas, para enojarnos y hacernos perder la paz, para que caigamos en aquello que nosotros sabemos no debemos ser débiles. Estos “tanques” que embisten contra los cristianos, con sus “dardos encendidos”, con sus bombas homicidas apenas son las incautas almas que ese enemigo malo, astuto y mentiroso, utiliza para debilitarnos.

No desestimemos la fuerza ni la organización del enemigo en esta guerra. Nótese, es más que un combate cuerpo a cuerpo, aislado, el que tendremos que enfrentar. Es una campaña completa, una guerra espiritual la que libramos diariamente los cristianos. La Escritura nos dice que “no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad”. No son pocos estos enemigos y están muy bien organizados. Tal vez su principal estrategia de combate sea la invisibilidad. Y no me refiero a que no podamos verles, porque ciertamente son espíritus malignos, sino en esa persistencia en convencernos de que no existen. Por eso es que el Espíritu Santo nos recuerda siempre esta Palabra, que tenemos una lucha contra seres que no son de carne y hueso, de “carne y sangre”. Los veintiún siglos de cristianismo muchos cristianos han vivido ignorantes de esta realidad, burlándose del diablo y sus huestes, caricaturizándolos, pensando que son sólo imaginación y tema para literatura o películas de Harry Potter; bajándole el perfil a algo muy serio: hay un enemigo que controla y dirige huestes en contra de los santos. Su propósito es arrastrarnos al infierno o, a lo menos, debilitarnos e inmovilizarnos para que no cumplamos la misión que Jesucristo nos ha encargado, cual es sacar y salvar vidas de las tinieblas.

De acuerdo al presente Texto, el enemigo está organizado en los siguientes niveles:

1) Principados, son los príncipes o principales que ayudan a Satanás a cumplir sus planes en las naciones (Daniel 10:18-20)

2) Potestades, son los espíritus poderosos que permanecen en nuestro plano finito de realidad y se encargan de romper todo equilibrio. Son guardianes de las tinieblas (Colosenses 2:15)

3) Gobernadores de las tinieblas de este siglo, son los que mandan un territorio y están en operación en el sistema social, político, y cultural del mundo (Génesis 41:34)

4) Huestes espirituales de maldad, son los demonios que como soldados obedecen a los gobernadores de las tinieblas y atacan con: enfermedades, accidentes, tentaciones y todo tipo de calamidad a los humanos, en especial a los cristianos (San Marcos 1:23-26) 

Finalmente el Libro Santo declara que estos ángeles caídos o demonios, actúan “en las regiones celestes”. Tales regiones no son la dimensión de Jesucristo y Sus ángeles, es decir “los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3), sino una dimensión inferior, donde nos movemos los seres humanos con nuestros espíritus. Gracias a Dios que ya somos vencedores en Cristo, que estamos en una posición superior sentados con Él, y que tenemos las armas necesarias para vencer, a saber: 1) la Verdad del Evangelio; 2) la Justicia que nos trae la fe en Jesús; 3) la Paz, fruto del perdón de Dios; 4) la Fe en Jesucristo; 5) la Salvación eterna; 6) la Palabra de Dios; y 7) la oración en el Espíritu Santo.

lunes, 8 de agosto de 2011

EFESIOS 5: LUCES EN CRISTO.

Ágora o plaza pública de la ciudad de Éfeso.


“1 Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. 2 Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.

3 Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; 4 ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias. 5 Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. 6 Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. 7 No seáis, pues, partícipes con ellos. 8 Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz 9 (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad), 10 comprobando lo que es agradable al Señor. 11 Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas; 12 porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto. 13 Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo. 14 Por lo cual dice:

Despiértate, tú que duermes,
Y levántate de los muertos,
Y te alumbrará Cristo.”

En otro tiempo éramos de las tinieblas. En cierto modo éramos –como señala este texto-fornicarios, inmundos y avaros. El fornicario es aquél que practica el sexo en forma desordenada. Inmunda es la persona de pensamientos y actos sucios. El avaro es un egoísta que sólo piensa en sí mismo y nunca comparte con el prójimo. Desde el punto de vista espiritual, fornicario es aquél que no es fiel en su amor a Dios; inmunda es una persona sin santidad; avaro es alguien sin amor al prójimo ni a Dios. Un inconverso es alguien que no ha entregado su vida a Jesucristo, por tanto su corazón  no es fiel a Dios, tampoco busca ni aprecia la santidad, ni practica el amor al prójimo. Perfectamente podemos decir que es, espiritualmente, un fornicario, inmundo y avaro.

Al avaro, el Espíritu Santo lo consigna como idólatra, ya que tal persona ha hecho de sus pertenencias (cosas, dinero, personas, talentos) verdaderos dioses. Todo su corazón está puesto en ellos y no en el Dios verdadero.

El reino de Cristo, que es un Reino de Luz y no tinieblas, no tiene cabida para fornicarios, inmundos ni avaros. La persona que se convierte al Señor, abandona toda fornicación sexual o espiritual; toda inmundicia de cuerpo o alma, y toda avaricia e idolatría. Es el Espíritu de Santidad quien le guía en esa dirección, impulsándole a dejar el pecado en todas sus expresiones. Ciertamente el Espíritu nos habita y genera en nosotros, los cristianos, una nueva forma de pensar, sentir y actuar. Pero esto requiere de una actitud, una disposición, un deseo y esfuerzo por cambiar. De allí las palabras de exhortación:

“Despiértate, tú que duermes,
Y levántate de los muertos,
Y te alumbrará Cristo.”

Ya no somos de las tinieblas, por lo tanto no debemos comportarnos como ellos, sino como hijos de luz. De lo contrario es que aún estamos muertos en delitos y pecados, o que estamos dormidos a la fe.

Los discípulos de Jesucristo estamos llamados a andar en amor; abandonando toda fornicación, inmundicia y avaricia; sin siquiera nombrarlas porque es vergonzoso; dejar de pronunciar palabras deshonestas; dejar las necedades del mundo, sus truhanerías; vivir con acciones de gracias; dejar la idolatría; no participar con las tinieblas sino más bien reprenderlas; ser luz en el Señor, andando como hijos de luz, en bondad, justicia y verdad.

En el aspecto negativo, los discípulos de Jesucristo debemos: 1) abandonar la idolatría; 2) no participar con las tinieblas sino más bien reprenderlas; 3) dejar toda fornicación, inmundicia y avaricia; sin siquiera nombrarlas porque es vergonzoso; 4) dejar de pronunciar palabras deshonestas; 5) dejar las necedades del mundo y sus truhanerías;

En el aspecto positivo, estamos llamados a: 1) andar en amor; 2) vivir con acciones de gracias; 3) ser luz en el Señor, andando como hijos de luz, en bondad, justicia y verdad. ¡El Señor nos ayude!