lunes, 28 de febrero de 2011

2 CORINTIOS 13: SIERVOS CON AUTORIDAD.

“1 Esta es la tercera vez que voy a vosotros. Por boca de dos o de tres testigos se decidirá todo asunto. / 2 He dicho antes, y ahora digo otra vez como si estuviera presente, y ahora ausente lo escribo a los que antes pecaron, y a todos los demás, que si voy otra vez, no seré indulgente; / 3 pues buscáis una prueba de que habla Cristo en mí, el cual no es débil para con vosotros, sino que es poderoso en vosotros. / 4 Porque aunque fue crucificado en debilidad, vive por el poder de Dios. Pues también nosotros somos débiles en él, pero viviremos con él por el poder de Dios para con vosotros.”

Pablo ya ha viajado dos veces a Corinto. Él mismo estableció con mucho esfuerzo, durante dos años, la Iglesia en esa ciudad. Después se trasladó a Éfeso, en Asia, desde donde les escribió su primera carta.

La Iglesia de Corinto sufría diversos problemas espirituales y morales, entre ellos el más fuerte era la introducción de la doctrina legalista judía que, despreciando la gracia predicada por San Pablo, obligaba a los nuevos cristianos a cumplir el rito de la circuncisión y guardar todos los requisitos de la Ley. Al parecer en su segundo viaje los judaizantes no le permitieron enseñar a la Iglesia y él tuvo que regresar a Éfeso. El Apóstol expresa la profunda tristeza que le produjo este rechazo, con estas palabras: “Porque por la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con muchas lágrimas, no para que fueseis contristados, sino para que supieseis cuán grande es el amor que os tengo.” (2 Corintios 2:4) Se piensa que hay una segunda carta a los corintios, extraviada, que fue enviada por medio de Tito.

Ahora viajará a ellos por tercera vez, pero antes le escribe esta epístola, en que les ha instruido sobre diversos asuntos, para que estén preparados para su visita. Él desea encontrar resueltos ya algunos problemas, de modo que no tenga que usar una mano demasiado dura. Es un hombre de recio carácter, pero con mucho amor en su corazón; considera a los corintios como verdaderos hijos espirituales y no desea herirles.

Por tercera vez va a visitar el apóstol a sus discípulos y les advierte que todo será muy serio. Los problemas no se resolverán a escondidas sino teniendo dos o tres testigos, como siempre aconteció en el pueblo judío cuando se trataba de dirimir un asunto y como el mismo Jesús lo aconseja en caso de disciplina eclesial. Recalca que lo dicho por escrito es tan serio y contundente como lo oral, lo que antes estando presente ya lo dijo: no seré indulgente con los que pecaron. Al parecer los corintios dudan del apostolado y la autoridad de Pablo; “pues buscáis una prueba de que habla Cristo en mí” les dice. El Señor no es débil para tratar a Sus hijos, por el contrario es muy fuerte y autoritario ¿Por qué el siervo de Cristo, entonces, habrá de tratarlos a ellos con debilidad? Es cierto que Jesús fue “crucificado en debilidad” pero Él aún vive y vivirá eternamente “por el poder de Dios”. San Pablo les dice que los apóstoles, los ministros de Dios, también somos débiles, pero débiles en Cristo y, como Él, viviremos eternamente con el Señor, por el mismo poder del Espíritu Santo que actúa en todos los cristianos. ¿Cómo habremos, entonces, de ser débiles en nuestras palabras y acciones? ¡Sobre todo cuando se trata de poner orden en la Casa de Dios!

sábado, 19 de febrero de 2011

2 CORINTIOS 12: CONFIDENTES DEL SEÑOR.

“1 Ciertamente no me conviene gloriarme; pero vendré a las visiones y a las revelaciones del Señor. / 2 Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. / 3 Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), / 4 que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar.”

Me resulta increíble pensar que una persona pueda guardar por tanto tiempo en secreto una experiencia sobrenatural como la que relata el apóstol Pablo en este capítulo. Fue llevado en el espíritu al tercer cielo, a la mismísima presencia de Dios, y él se lo guarda como un tesoro, por 14 años. Es decir durante ese tiempo él disfrutaba de una comunión íntima con el Señor y mantenía esa complicidad con Él como los esposos no cuentan a nadie su vida marital. Hay una fuerza muy grande en ese secreto guardado celosamente. Antes no fue necesario que el apóstol contase acerca de esta vivencia mística.

¡Qué distinto a nosotros que somos tan vanidosos y locuaces, tan poco controlados para guardar los misterios que el Señor amorosamente comparte con cada cristiano! Tenemos un sueño y corremos a contarlo; recibimos una revelación del Señor y nos impacientamos si no la damos a conocer; incluso competimos con otros cristianos para demostrar que somos más espirituales que los demás. Tal vez esto se deba a que consideramos que todo lo que el Señor nos manifiesta, habla, revela, entrega, es para ser transmitido a la Iglesia y el mundo. No nos detenemos a pensar ¿será el tiempo? ¿No será esto para 14 años más? ¿Es para mí, para mi familia, para la Iglesia o para el mundo? Actuamos impulsivamente y tiramos la semilla en cualquier terreno, sin medir las consecuencias.

Puede ser que muchos cristianos ven la obra de Dios sólo en términos de “evangelización” y creen que lo único que necesitamos hacer después de convertirnos a Jesucristo, es predicar, predicar y predicar. Mas olvidan la otra cara de la medalla ¿Cómo podremos predicar las virtudes de Jesús si ni siquiera hemos desarrollado la virtud de la paciencia? La otra cara de la moneda es la “edificación”; tan importante como evangelizar, y tal vez previo a ello, es edificar mi persona a la imagen de Cristo, crecer como persona cristiana. Así es que si sólo estoy ocupado en hablar y hablar a otros del Señor, jamás voy a preocuparme y darme a la tarea de ser un buen cristiano; por lo tanto no tomaré los sueños y revelaciones como una tarea personal que Dios me da para crecer en lo interior, sino que lo veré como algo externo, Dios me está ordenando ir y contar esta experiencia.

Señor: ayúdame a ser un cristiano interno, que echa raíces profundas en Ti, capaz de guardar el secreto y ser leal a Tu Persona; hazme una persona que pueda representar bien Tu Reino, un verdadero embajador de Jesucristo, que vive las virtudes de ese Gobierno. Sólo así llegaré a ser un verdadero evangelista.

San Pablo guardó el secreto de Dios, su Confidente (1), por 14 años y, como si fuese un loco, al cabo de ese tiempo lo reveló en parte. Con esto nos dice que sólo un cristiano poco cuerdo e inmaduro es el que va y cuenta lo que el Señor le ha dado recién. Primero averigua para qué se lo ha ministrado Dios. Fue necesario que le dijese a los corintios algo así como “Miren, ustedes son unos carnales llenos de pecado, que se creen muy superiores porque han recibido algún don de Dios, se atreven incluso a hablar mal de mí a mis espaldas y reciben a cualquiera como apóstol porque no tienen una mínima gota de discernimiento. Pues, yo les digo que hablo en lenguas más que cualquiera de ustedes y además hace años atrás fui arrebatado al paraíso donde escuché cosas que ustedes no pueden entender. Discúlpenme que les hable así, es una locura, pero con sus actitudes, yo que les di a luz y les he amamantado con la Palabra de Dios, tengo todo el derecho a decírselos”

Verdaderamente, como dice el Espíritu en este pasaje, no nos conviene gloriarnos, no es bueno envanecerse y enorgullecerse de las visiones y revelaciones del Señor. El propósito de ellas no es para considerarnos superiores o especiales, sino para que tengamos una vida interior profunda y amplia. El mundo tiene el corazón y la mente llena de preocupaciones mundanas, superficiales, a veces intelectuales, pero sin Dios. Nosotros nos alimentamos y llenamos nuestra alma de las riquezas de la Palabra de Dios y las experiencias espirituales que Él nos otorga. Todo ello no es para envanecernos ni tampoco para tirarlo a los cerdos, sino para la necesaria edificación personal y luego de la Iglesia. Seamos prudentes en lo que comunicamos, seamos sabios al evangelizar, seamos leales al Señor en la comunión íntima que vivimos con Él.

Perdónanos, Señor, porque muchas veces hemos pecado siendo indiscretos con Tus confidencias. Danos la sabiduría necesaria para ser fieles a Tu amistad. Amén.

(1) Confidente: Fiel, seguro, de confianza. / Persona a quien otra fía sus secretos o le encarga la ejecución de cosas reservadas.

martes, 15 de febrero de 2011

2 CORINTIOS 11: SIERVOS DÉBILES.



“1 ¡Ojalá me toleraseis un poco de locura! Sí, toleradme. / 2 Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo. / 3 Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo.”


¿Por qué San Pablo escoge este camino para dirigirse a los hermanos de Corinto? En varias oportunidades habla sobre su “locura”: “¡Ojalá me toleraseis un poco de locura!”; “Que nadie me tenga por loco”; “recibidme como a loco”; “Lo que hablo, no lo hablo según el Señor, sino como en locura”; “(hablo con locura)”; o “(Como si estuviera loco hablo.)” Tal énfasis sólo puede provenir de la oposición que algunos hermanos y líderes negativos hacen contra su persona, tildándole de “loco”. Por ello les dice: “de buena gana toleráis a los necios, siendo vosotros cuerdos.” Hay cierta ironía en sus palabras de defensa. Decide entonces hablarles como si no estuviera en sus cabales:

Les dice que su celo por ellos, para que se conserven en el buen camino, es el mismo celo de Dios. Él les ha llevado, como ministro de Dios, en matrimonio, casándoles con un solo Esposo, Jesucristo y ellos deberán guardarse puros de corazón, como una virgen para Él. Sin embargo teme que hayan sido embaucados y extraviados del camino, tentados por Satanás, así como fue engañada Eva. El Espíritu Santo está interesado en que nos guardemos fieles a Jesucristo y no seamos llevados por cualquier viento de doctrina, aunque sus portadores nos parezcan siervos de Dios.

El Apóstol está en extremo preocupado. Hay mensajeros que llegan a la Iglesia trayendo un Evangelio y un Cristo diferente. Los hermanos, si no están bien cimentados en la revelación de la Palabra de Dios, son fácilmente engañados. No es posible que aceptemos cualquier espíritu porque dice que es de Dios, es preciso que sea probado a la luz de: 1) la Biblia, 2) el testimonio del predicador, y 3) el discernimiento del Espíritu Santo.

Hay en este capítulo una dura advertencia a los cristianos para estar alertas contra aquellos ministros falsos que se hacen pasar por enviados por Dios. Así como “Satanás se disfraza como ángel de luz”, lo hacen también estos “obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo.” Son un fraude del Maligno para desviarnos de la fe verdadera.

Así como esos falsos apóstoles se enaltecen y vanaglorian de sus visiones y revelaciones falsas, San Pablo pide permiso para hacerlo también. Cometerá la locura de gloriarse él también: “Que nadie me tenga por loco; o de otra manera, recibidme como a loco, para que yo también me gloríe un poquito.” Si ellos se glorían por lo que hacen en la carne, con mayor razón podrá hacerlo él, que es guiado por el Espíritu Santo.

Los corintios toleraron de buena gana que esos lobos con piel de oveja los esclavizaran, devorasen, despojaran, humillaran y hasta abofeteasen; cosa que jamás hizo Pablo. Él dice: “para eso fuimos demasiado débiles.” Bendita debilidad la del ministro de Dios que no usa las armas del mundo para gobernar la grey. No esclaviza a las ovejas por medio de leyes y obligaciones sin base bíblica; no devora los bolsillos ni las almas de las ovejas; no las despoja de su condición de personas libres; no las humilla ni ejerce violencia psicológica ni espiritual sobre su congregación.

Luego de considerar cuánto ha sufrido por la Iglesia como verdadero apóstol de Jesucristo, concluye: “Si es necesario gloriarse, me gloriaré en lo que es de mi debilidad.” Es la única gloria que el hombre tiene. De lo único que podemos envanecernos es de ser nada, débiles personas sometidas al arbitrio y voluntad todopoderosa de Dios, el Señor, el Kirios, el Dueño de toda nuestra vida. Nada puede envanecernos ni se justifica para que nos levantemos como superiores a nuestros hermanos. Sencillamente somos siervos, al servicio de la Iglesia, esclavos inútiles de Jesucristo.

lunes, 7 de febrero de 2011

2 CORINTIOS 10: MINISTROS DE LA PALABRA.


“1 Yo Pablo os ruego por la mansedumbre y ternura de Cristo, yo que estando presente ciertamente soy humilde entre vosotros, mas ausente soy osado para con vosotros; 2 ruego, pues, que cuando esté presente, no tenga que usar de aquella osadía con que estoy dispuesto a proceder resueltamente contra algunos que nos tienen como si anduviésemos según la carne. 3 Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; 4 porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, 5 derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, 6 y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta.”

Pocas veces escribimos, en nuestra época, en primera persona. Acostumbramos decir, con falsa modestia y no haciéndonos cargo de nuestros propios pensamientos y sentimientos, que usar el yo es de mala educación. Sin embargo el Señor lo utilizó; siete veces encontramos en el Evangelio de San Juan Su autodefinición: “Yo soy el pan de vida”, “Yo soy la luz del mundo”, “Yo soy la puerta al corral de las ovejas”, etc. Pero es que Él es el Señor, Dios, podríamos pensar. Pero aquí tenemos a un varón de Dios, el Apóstol Pablo, hablándonos así: “Yo Pablo os ruego por la mansedumbre y ternura de Cristo, yo…”

El Apóstol nos ruega, a los corintios y a nosotros también, a la Iglesia, no en su nombre, que es sólo hombre, sino “por la mansedumbre y ternura de Cristo”, que sigamos su consejo, que obedezcamos al Señor, puesto que eso es todo el mensaje del Evangelio: obedecer a Dios, obedecer a la Palabra de Dios y obedecer al Espíritu Santo de Dios. Dice él que estando presente es muy humilde entre sus hermanos, pero ausente es valiente y hasta atrevido en su predicación. En cierto modo, hoy el Señor está ausente de nosotros y nos habla por medios “indirectos” como Su Palabra escrita, la voz interior del Espíritu Santo y los sermones y enseñanzas de nuestros pastores; pero un día le veremos y escucharemos cara a cara. Ese día no quiero ser reprendido por el Señor; por eso preferimos obedecer hoy día, aunque Sus mandatos sean duros y osados.

Algunos piensan que el ministro de Dios y las autoridades de la Iglesia andan en la carne; algunos se dedican a ver las ventajas materiales y sociales que puede tener un pastor o predicador; otros envidian y critican la vida de los ministros; hay quienes se dedican a observar el lado humano del siervo de Dios y no escuchan ni ven lo que hay de Dios en él; no permiten que el Espíritu Santo les hable por medio de este atalaya del Señor. Esa es una conducta carnal, pues sabido es que todos somos pecadores, incluidos los ministros de Dios, y que Él ha puesto el tesoro de la Palabra de Dios en vasos de barro. San Pablo enseña: “aunque andamos en la carne, no militamos según la carne”.

En este fragmento de la epístola, el Señor nos dice cuáles han de ser las “armas de nuestra milicia”. Dice que estas armas “no son carnales”. Compárese este pasaje con el de Efesios 6:13 “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. En Efesios nos enseña cuál ha de ser la armadura del buen soldado de Jesucristo, incluida dos armas: la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios y la oración, esa lanza que se proyecta más allá de nosotros. En Corintios nos enseña las capacidades o potencialidades de las armas del cristiano, sobre todo del apóstol (llamado y enviado de Dios): primero son poderosas para destruir las fortalezas del enemigo; segundo, derriban “argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios”; tercero, llevan “cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”; y cuarto, prestas a “castigar toda desobediencia” hasta que la obediencia de los discípulos sea perfecta. Las armas a las que se refiere el apóstol son los argumentos bíblicos, la predicación del Evangelio, el conocimiento y revelación del Espíritu Santo, la exégesis bíblica, la homilética y el discernimiento espiritual, es decir el ministerio de la Palabra.