lunes, 31 de enero de 2011

2 CORINTIOS 9: SEMBRADORES GENEROSOS.



“6 Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. / 7 Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. / 8 Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra”

Hoy escuché esta hermosa frase acerca de la adopción de un niño: “Ser adoptado es no crecer en el vientre de la madre sino en su corazón.” Qué hermoso ejemplo de amor y generosidad el de aquellos padres que deciden adoptar un niño ajeno para darle su amor. Dios, nuestro Creador, nos ha adoptado como hijos legítimos, haciéndonos hijos Suyo y para formar parte de Su familia. La siembra de Dios es superior a cualquier siembra humana. él ha puesto las semillas de la fe, el amor, la paz y la esperanza en nuestros corazones, e indudablemente –por ley universal- darán fruto abundante.

En la vida se siembra lo tangible y lo intangible. Puedo sembrar semillas de flores y de árboles en la tierra de mi jardín o en el huerto del vecino, y obtener hermosas flores y deliciosos frutos u hortalizas. ¡Qué agradable es comer de lo que produce una tierra que hemos trabajado con las propias manos, y mejor sin elementos contaminantes! Asimismo podemos sembrar regalos materiales de los más diversos valores, según sea nuestra capacidad económica…Pero también hay siembras intangibles, como enseñar buenos valores a los hijos, brindarles educación o dedicarles tiempo para conversar con ellos. Otra siembra es la espiritual, cuando transmitimos a alguien el mensaje de la Palabra de Dios.

Todo esto podemos hacerlo con distintas actitudes y de acuerdo a ellas será el resultado que obtengamos; con sumo agrado, por obligación o en forma negligente. La Biblia nos enseña a sembrar no escasamente sino con generosidad, es decir dar con largueza, liberalidad. Cuando sirvamos a alguien o le demos algo tangible o intangible, material o espiritual, no lo hagamos con pena ni mala gana, sino con mucha alegría. Necesitamos tener la fe, en ese minuto, de que Dios nos devolverá aquel favor en una cosecha generosa, tal vez no consistente en lo mismo que hemos dado pero sí de alguna forma que nos favorecerá. Porque es ley de la vida que toda causa produce un efecto, lo que sembramos eso cosechamos. Es como la ley del talión: “rotura por rotura, ojo por ojo, diente por diente; según la lesión que haya hecho a otro, tal se hará a él.” (Levítico 24:20) Dios, que es lleno de amor, da generosamente y está feliz cuando Sus hijos lo hacen así también. Él ama a quien da con alegría.

En el universo creado por Dios toda causa tiene su efecto y todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo con esa ley que Él mismo ha impuesto. La suerte no existe sino que es el nombre que da la gente a una ley desconocida. Esta ley actúa tanto en el plano material, psicológico, social como espiritual. Cada acción nuestra tiene una reacción que con la misma fuerza viene hacia nosotros. Por eso la Palabra dice “El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.” Recibimos de acuerdo a lo que damos. La ley del talión, de causa y efecto o ley de la siembra y la cosecha, no es para que tomemos venganza por nuestros propios medios, sino que se trata de un principio inmutable que funciona solo. No hay venganza en esta ley, sino justicia. Es muy fácil pensar que quiero recibir todo lo bueno que doy, pero la ley no elige las causas que yo mismo engendro, sólo las devuelve.

Dios Todopoderoso, que ha creado el universo y nos ha puesto a los seres humanos como mayordomos del planeta, hará abundar en nosotros Su gracia si tenemos fe y somos obedientes, si sembramos con amor y generosidad. De este modo tendremos siempre lo suficiente para vivir y compartir con el prójimo. Por ello, abundemos no en egoísmo, no en pensar y sentir sólo por nosotros, no en escasas obras o dando lo mínimo sino dando y brindándonos a los demás, que es a Dios, con generosidad. El mandato es que “abundéis para toda buena obra”


jueves, 20 de enero de 2011

2 CORINTIOS 8: RICOS EN CRISTO.


9 Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.

Cada persona que tiene un día un encuentro personal con Jesucristo experimenta en carne propia el inmenso amor de Dios por el hombre. Detengámonos por un momento a recordar y ponderar lo que esa experiencia significa. Por cierto, quien no la ha vivido –me refiero a la experiencia de la conversión- no puede calibrar su importancia. Sólo evalúa lo externo, que ese hombre o esa mujer ya no hacen ciertas cosas que antes eran su costumbre, que ahora habla y hasta se expresa diferente, que asiste a una iglesia. También surgen las críticas como que se cambió de religión, ahora es un fanático, no habla de otra cosa que de Dios, etc. todas estas consideraciones son externas, pero ¿quién se ha preguntado qué hizo que esa persona cambiara de tal modo? Si ellos llegaran a la conclusión de que fue un encuentro real con Dios, y no un encuentro con personas religiosas o una iglesia o secta, entonces ellos también querrían experimentar esta gracia. Íbamos un día por el camino de la vida, derrotados y desanimados, culpables y amargados, infelices y vacíos de Dios, cuando en una encrucijada de alguna forma vino a nosotros esa Persona maravillosa llamada Jesús. Como es tremendamente Creativo, para cada ser humano utiliza un modo distinto de tocarle, llegar a él, hablarle. En mi caso usó una novela que trataba de la vida de los primeros cristianos reunidos en las catacumbas; las cariñosas palabras de un primo cristiano, quien me relató la historia del pueblo de Israel hasta la venida del Salvador; la humildad de un seminarista y finalmente, su fervorosa prédica desde el púlpito de un templo evangélico. La Palabra de Dios fue sembrada en mi corazón y vino el arrepentimiento y el perdón sobre mi vida. Sentí espiritual y corporalmente la Presencia de Dios, supe que Él es Persona, en definitiva conocí “la gracia de nuestro Señor Jesucristo”.

Este Jesús no es otro que el Hijo de Dios, pero no “hijo” a la manera humana en que somos engendrados de hombre y mujer, sino “Unigénito del Padre”, generado de Dios mismo pero no que alguna vez haya nacido, sino que existe desde siempre. En otras palabras, el Hijo de Dios es una faceta más de un solo Dios, mas a la vez una Persona diferente. Afirmamos junto a toda la cristiandad que Dios es Trino, Tres Personas –Padre, Hijo y Espíritu Santo- en un solo Dios. El Hijo se hizo humano, Dios se hizo humano, en Jesucristo. La Divinidad se vistió de humanidad. Siendo Dios se hizo menor, siendo el Creador se volvió criatura, siendo rico se hizo pobre. ¿En qué consiste la “riqueza” de Dios? ¿Acaso consiste en dinero, joyas, piedras preciosas, lujos, autos, palacios, viajes, placeres? ¿A qué riqueza se refiere la Escritura? Fácil y livianamente podríamos inferir del contexto –la ayuda para los hermanos que están sufriendo necesidad- que se refiere a la riqueza material, pero no es así.

Cuando Dios renuncia a Su posición de Suprema Autoridad para tomar el rol de Siervo y Salvador de los hombres no renunció a cosas materiales como un trono de oro, vestiduras de armiño, una blanca diadema y un anillo de diamantes. Dios es Espíritu y habita en una dimensión puramente espiritual, que a nosotros, en nuestra condición de hombres, Él procura explicarnos a la medida de nuestra comprensión material, pero que es casi imposible entenderlo. En esa posición Él es el más rico de los seres pues todo le pertenece y es capaz de crear todo lo que quiera; pero por decisión propia renunció parte de Él –el Hijo- durante 33 años de nuestro tiempo, a esa posición. En este sentido “se hizo pobre”. ¿El motivo? ¿Por qué tomó esta determinación? Por amor, para sacarnos de nuestra miserable condición moral y espiritual. La condición material y social es sólo una consecuencia de la anterior. Dios en Jesucristo no se hizo principalmente pobre de dinero o de riquezas, su preocupación no fue amasar una fortuna, sino que se limitó en Su Divinidad. Y todo lo hizo porque nos ama: “por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico”

En el mismo sentido que interpretamos Su pobreza, debemos interpretar como cristianos la riqueza que Él nos legó. ¿Dónde está la riqueza del cristiano? ¿En el dinero que pueda juntar en el banco? ¿En las cosas que pueda comprar para alhajar su casa, vestir, comer y pasarla bien? ¿En las empresas que pueda montar y vivir lujosamente? ¿Así mediremos la riqueza que Cristo nos legó? ¿Es la riqueza material el legado de Jesucristo para la Humanidad? No, Su legado testamentario es sobrenatural: nos dejó la salvación, el perdón de los pecados, el nuevo nacimiento, la nueva vida, el Hombre Nuevo, la vida eterna. Cristo nos justifica ante el Padre, nos salva de la condenación eterna, nos hace vivir bajo Su Reino, nos santifica por el Espíritu Santo, transforma nuestras vidas, y si como resultado de esa transformación, renovación, salvación y completa sanación, son prosperadas nuestras finanzas, trabajo y vida material, será sólo una consecuencia o añadidura de la verdadera riqueza: la vida eterna. Es cierto, Él se hizo pobre y entregó Su vida “para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” en salvación, sanidad, santidad y servicio al prójimo.

sábado, 15 de enero de 2011

2 CORINTIOS 7: GOZOSOS EN LAS TRIBULACIONES.


1 Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.

¿Cómo se perfecciona la santidad? En primer lugar teniendo temor de Dios. ¿Qué es el temor de Dios? Es la virtud consistente en respetar al Señor como el Dueño de nuestra vida, no querer ofenderle y ser humilde ante Su soberanía. ¿Cómo se perfecciona la santidad? En segundo lugar limpiándonos de toda cosa que nos contamine, tanto física como espiritualmente. Lo que nos contamina es pecado. Limpiémonos, pues, del pecado, y así aumentaremos en santidad. Hay pecados de pensamiento, de sentimiento, de obra y de omisión.

2 Admitidnos: a nadie hemos agraviado, a nadie hemos corrompido, a nadie hemos engañado. 3 No lo digo para condenaros; pues ya he dicho antes que estáis en nuestro corazón, para morir y para vivir juntamente. 4 Mucha franqueza tengo con vosotros; mucho me glorío con respecto de vosotros; lleno estoy de consolación; sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones.

Las virtudes que aquí exhibe San Pablo, son dignas de imitarse:
- A nadie ofender o agraviar.
- A nadie corromper o llevar por un mal camino, poniendo ideas negativas en su mente.
- No condenar al prójimo, haciendo juicios tajantes.
- Amar sinceramente, con un corazón limpio y abierto.
- Ser franco, directo.
- Estar lleno de consolación para con uno y el prójimo.
- Encontrar el gozo del Señor cuando se está en tribulaciones.

10 Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.

A veces Dios permite que tengamos tristezas. Yo las he tenido, y fuertes, como casi todo el mundo. La gran parte de las veces esas tristezas son nuestra responsabilidad, por malas determinaciones tomadas en la vida. Si somos reflexivos, si pensamos en lo malo o triste que nos sucede, y estamos abiertos a la Voz sabia del Señor, es probable que nos percatemos de nuestros errores y no tomemos una posición de víctimas de los demás o víctimas del diablo. Si somos sabios, sabremos reconocer nuestros yerros y arrepentirnos.

De muchas cosas necesitamos arrepentirnos, menos de la salvación. Haber aceptado al Señor Jesucristo es lo mejor que nos pudo pasar en la vida, pues abrió todo un mundo de posibilidades para el alma y el espíritu. De la salvación, de ese día en que dijimos sí a Jesucristo, del bendito día en que creímos a la Palabra de Dios, necesitamos tomarnos y jamás soltarnos. En cambio de todas estas otras cosas que batallan en nuestro interior como las malas determinaciones, los desencuentros con la familia o la pareja, las preocupaciones materiales y financieras, los sueños incumplidos, las ofensas, las tentaciones, las debilidades personales, todo aquello es para “trabajarlo”. Dios quiere pulirnos, capacitarnos, limpiarnos, modelarnos. Para ello usa el dolor “la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación”. No hagamos frente a Dios, no luchemos con Él sino que rindámonos y permitamos que esa “tristeza” produzca su fruto en nosotros, para ser mejores personas, mejores cristianos y más felices.

La palabra arrepentimiento a veces nos es difícil de aceptar. De tan usada se ha vuelto incomprensible. La hemos reducido a sentirse culpable y llorar, pero es algo más que eso. Como cuando vamos al médico y éste nos manda a hacernos un escáner o radiografía, así es el arrepentimiento. La placa nos mostrará la condición interior de huesos y órganos. El arrepentimiento es mirar nuestra interioridad claramente, sin rodeos ni suavidades. Allí está el cáncer o el hueso roto, allí está la envidia, el orgullo o cual sea nuestro pecado. Aceptémoslo, aunque nos duela, y Dios hará lo demás.


martes, 4 de enero de 2011

2 CORINTIOS 6: MINISTROS COLABORADORES DE DIOS.

"2 He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación. / 3 No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado; / 4 antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias; / 5 en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos; / 6 en pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero, / 7 en palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de justicia a diestra y a siniestra; / 8 por honra y por deshonra, por mala fama y por buena fama; como engañadores, pero veraces; / 9 como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, mas he aquí vivimos; como castigados, mas no muertos; / 10 como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo."

Ahora y no mañana ni pasado mañana, es el tiempo en que necesitamos oír el llamado de Jesucristo y aceptarlo. No hagamos oídos sordos sino que abramos el corazón a Él; “he aquí ahora el día de salvación.” No dejemos pasar más tiempo y obedezcamos aquello que el Señor nos ha ordenado. Cualquiera sea el lugar que ocupemos en el Cuerpo de Cristo, hagamos prontamente lo que el Señor nos encargó. Él nos necesita como Sus colaboradores; como el Apóstol lo señala: “1 Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios.”

Hoy es el día en que se nos requiere, tal vez mañana ya sea tarde. Por ello, seamos discípulos obedientes. Ejemplo tenemos en los apóstoles y en muchos siervos y siervas de Dios que supieron guardar el mandato. Ellos conservaron el testimonio de Jesucristo y vivieron conforme a Sus enseñanzas, de tal forma que a nadie dieron ocasión de tropiezo. Su ministerio jamás fue vituperado o deshonrado; tal vez hubo murmuraciones en su contra, se levantó falsos testimonios o se hizo burla de ellos, pero jamás presentó una razón para ello. Fueron ministros de Dios intachables. Sus vidas fueron –como las de muchos ministros de hoy –un ejemplo para la Iglesia.

Así como en el mundo, los profesionales presentan cartas de recomendación, Pablo y los apóstoles se presentan como “ministros de Dios”, exhibiendo estas obras:
1) Mucha paciencia, una virtud necesaria para dar a cada persona lo que necesita.
2) Tribulaciones, dificultades hacen operar la fortaleza del Señor.
3) Necesidades, siempre las habrá y en ellas se manifiesta la gracia de Dios.
4) Angustias, el extremo de la paciencia, el límite donde clamamos Su ayuda.
5) Azotes, hay palabras que son como azotes para nuestra alma.
6) Cárceles, “mas la Palabra de Dios no está encarcelada”, decía el Apóstol.
7) Tumultos, turbas, muchedumbres puede haber en contra más Él es más Poderoso.
8) Trabajos, será la distinción del ministro su laboriosidad constante.
9) Desvelos, vigilantes en oración, predicando hasta tarde, trabajando para Jesús.
10) Ayunos, privados de comida para alimentarnos de Cristo.
11) Pureza, que tanta falta hace en estos tiempos de depravación.
12) Ciencia, conocimiento de la Divinidad.
13) Longanimidad, largueza de ánimo, incansables hasta alcanzar la victoria.
14) Bondad, característica del buen cristiano.
15) Espíritu Santo, Dios mismo en Sus discípulos.
16) Amor sincero, el amor verdadero que viene de Su Espíritu Santo.
17) Palabra de verdad, el alimento diario, el maná escondido, que es Cristo.
18) Poder de Dios, la demostración de que Jesucristo está con nosotros.
19) Armas de justicia a diestra y a siniestra; llenos de amor y diestros en la Palabra y en la oración.
20) Honra y deshonra, honrando al Señor, lo que para los hombres puede ser una deshonra.
21) Mala fama y buena fama; la mejor fama es la de ser un hijo de Dios.
22) Engañadores, pero veraces; actuando siempre con la Verdad.
23) Desconocidos, pero bien conocidos; lo más importante, conocidos por el Rey.
24) Moribundos, mas he aquí vivimos; triunfantes sobre todo tipo de muerte.
25) Castigados, mas no muertos; porque Él nos lleva hacia la vida eterna en victoria.
26) Entristecidos, mas siempre gozosos; “el gozo del Señor es mi fortaleza”.
27) Pobres, mas enriqueciendo a muchos; como Cristo que se hizo pobre para darnos toda riqueza espiritual.
28) No teniendo nada, mas poseyéndolo todo, pues quien tiene a Jesucristo, lo tiene Todo.

domingo, 2 de enero de 2011

CARTAS DE NUESTROS LECTORES

Doy gracias al Señor, porque me ha permitido conocer personas como el pastor Iván Tapia. Ciertamente, el Espíritu Santo del Señor, le acompaña en todo momento. El alimento espiritual que llega a través de Tesoro en Los Cielos, ha sido para mi vida de gran bendición, y es por eso que: Pido a Dios en oración que le siga bendiciendo con aún más entendimiento y sabiduría de la Palabra, también te pido Señor, que bendigas a su Señora Esposa, sus Hijos, su Hogar, su Congregación y así también a los lectores de Tesoro en Los Cielos, todo lo pido en el nombre de Nuestro Hermoso Señor Jesús, amén.
Sixto Cuevas Pineda, Santiago.

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Mi amado pastor:
Tenga un feliz año, junto a su familia. El señor sea con su vida y su ministerio, que su paz le acompañe y le guarde sonde quiera que sus pies caminen. El Señor sea su fuerza y su motivo para continuar, además de todas aquellas almas que necesitan de ese amor que Dios ha depositado en su vida de manera especial, como lo ha demostrado conmigo.
Mi querido pastor Iván, le agradezco su tiempo que dedica en cada palabra que Dios le inspira a escribir, ya que aunque no la he comentado todas las veces, sí han dejado paz y alimento en esos momentos dificiles que pasé, por eso siga con su labor silenciosa que para Dios no pasas desapercibido. Siga adorando a Dios con el arte y con el amor pastoral, ya que sus palabras son melodías que muchas veces dan compañía en medio de la angustia y la desesperación, siga componiendo, siga avanzando mi amado, que otros vamos detrás con menos apremio, pero con el gozo que alguien como usted, ya pasó por esos mares, lo cual su consejo será precioso para quien busque la sabiduría de Dios.
Usted es un guardador de la verdad de su palabra "un Pablo" de estos tiempos que persiga la verdad y la justicia, que en cada carta a sus hijos Timoteos, les de cada vez nuevas armas para lo que Dios tiene previsto hacer. No se canse, mire a Dios nuestro Padre que nunca se cansa, sino que con paciencia aunque sea por un hijo el que sea salvo el mueve sus ejércitos.
Hoy en día que se ve mucho las mega iglesias, también reconozco la labor de pequeñas iglesias que dediquen tiempo a preparar gente para misiones especiales, que dediquen más tiempo pasar junto a su mentor, y en donde la comunicación sea mas directa. Esa es la multiforme gracia de Dios, sus diferentes maneras de salvar esta humanidad. Dios le de gracia para hacer lo justo que Él quiere que haga.
Yo y mis hijas estamos bien, gracias a Dios. Mañana salgo de vacaciones, el 8 de enero viajo a Los Ángeles a visitar la familia, y estaré un mes por allá, feliz porque estoy pasando a otra etapa del proceso, aunque doloroso, pero con el gozo de seguir en los caminos del Señor. Con más fuerzas que antes, recuerda que Dios aumenta las fuerzas a aquél que persevera e insiste en tomar la bendición. Gracias a Dios que sigo en pie, y dispuesto a que Él haga como quiera.
Saludos mi pastor , abrazos y cariños a usted y familia y amados hermanos que me conozcan . No he escrito poesía ultimamente, pero se que mi Señor prepara un ambiente para comenzar a escribir.
David Bórquez Marilicán, Iquique.