2 CORINTIOS 4: MINISTROS DE LA LUZ.

3 Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; 4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. 5 Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. 6 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.

3 Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto;

Todavía hay muchísimas personas que no conocen a Jesucristo. Me refiero a los que nos rodean en la familia, amistades, vecinos, conocidos de la ciudad; no hablo de los de ultramar. Ya irán los misioneros por ellos, cosa ciertamente importante; pero nuestro trabajo como discípulos comunes y corrientes, que laboramos a diario por nuestras familias y por la Iglesia, está aquí, en el entorno. Piense siempre en este orden: mi esposo o esposa, mis hijos, hermanos y hermanas de sangre, padres, suegros, tíos y tías, primos y primas; luego los amigos y amigas, los vecinos y vecinas, los conocidos y los desconocidos de la ciudad que usted comparte. Para la mayoría de ellos aún el Evangelio está encubierto, es un misterio cubierto por desconocimiento, prejuicios, falsos conceptos, ignorancia espiritual. Todos necesitan de Jesucristo y la salvación que nos ofrece; nosotros somos los indicados para comunicarles el Camino.

- ¿Está usted orando por los perdidos?
- ¿Ha presentado a su familia el Evangelio y la Persona del Señor Jesucristo?
- ¿Está usted rogando por la salvación de sus amigos y conocidos?
- ¿Tiene usted en cuenta a esos desconocidos cuando camina por las calles de su ciudad?


4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo,

El “dios de este siglo” no es otro que el príncipe de las tinieblas. Es ese dios –con minúscula- en sentido figurado, que gobierna las mentes de tantas personas y a las cuales nosotros estamos llamados a anunciar el Evangelio. La gente piensa que es libre de toda influencia satánica y desmerece su poder; no sabe que al vivir así, sin Dios, pensando que es “libre” para ir donde quiera, pensar y sentir como quiera, hacer lo que les viene en gana, de ese modo están obedeciendo al dios de este siglo.

Cuando la Palabra de Dios dice “siglo” no se refiere a una centuria o cien años, sino que quiere decir el mundo material alejado de Dios. El propósito de Satanás siempre es que ningún ser humano reconozca a su Creador, que nadie busque a Jesucristo, que ninguna persona vaya a salvarse y reciba el Espíritu Santo. Él sabe que está perdido, que el veredicto de Dios ya ha sido dado, y está escrito en Su Palabra: “Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.” (Apocalipsis 20:10) Sólo le resta vengarse de Dios haciendo que se pierda la mayor cantidad de seres humanos posible. Para ello trabaja en la mente de las personas, convenciéndoles con mentiras como estas: Dios no existe; Cristo fracasó en su misión; la vida eterna es una ilusión pues el hombre muere y se pudre en la tierra; la resurrección es una fantasía; el pecado es un concepto anticuado ¡pásalo bien!

De esta manera ciega “el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo” Así el mensaje de Dios y nuestras creencias pasan a ser para ellos fantasías, debilidad y locura “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.” (1 Corintios 1:18) ¿Dejaremos nosotros que la luz del Evangelio de Jesucristo no nos ilumine? ¿Permitiremos que la mente de nuestros hijos, esposo, esposa, hermanos, padres, se cierre a la Buena Nueva? ¿No haremos nada para que así el diablo siga encegueciendo a los incrédulos y se los lleve al infierno por eternidad?


4 … para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.

Dios es Luz, dice San Juan. “Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.” (1 Juan 1:5) Pablo en cierto modo nos dice algo similar. Jesucristo es la imagen visible de este Dios que es luz. El Evangelio, que es el mensaje de Dios para la humanidad, transmite esa luz o gloria, por medio de Jesucristo. Así es que Dios, Jesucristo y el Evangelio son eslabones luminosos de una misma cadena. Cuando Jesús nos dice “Ustedes son la luz de este mundo”, señala como paradero de esa luz nuestra persona. “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” (San Mateo 5:16) De modo que evangelizar o anunciar las buenas nuevas, es iluminar por medio del Evangelio a los que están en tinieblas, ciegos y sin luz.

- ¿Está usted iluminando con la Palabra de Dios a su entorno?
- ¿Aprovechamos todo momento para transmitir el Evangelio a los que nos rodean?
- ¿Hay en nuestra Iglesia un sentido de urgencia por anunciar a Jesucristo?

5 Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús.

No nos anunciamos a nosotros, no hacemos una publicidad sobre nuestra persona, no es el interés que nos miren a nosotros sino a Jesucristo. Hoy por hoy se acostumbra exaltar a un líder muy carismático para anunciar el Evangelio, pero este no era el método de San Pablo. Él ni el Espíritu Santo querían ello sino ensalzar el Nombre del Señor. Prediquemos a Jesucristo, expongamos Su vida y obra, presentémoslo con Señor y Salvador de la Humanidad, el único Camino para alcanzar la salvación, el único Mediador entre Dios y los hombres. Y si hablamos de nosotros sea solamente para contar el testimonio de Jesús en nuestras vidas. Presentémonos como servidores del prójimo por amor a Jesucristo. No sea otro nuestro norte, sino tan sólo exaltar al Amado Jesucristo.

6 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.

Dios Creador del universo, cuando vio esta tierra en tinieblas bajo el poder del ángel caído, ordenó que aquí resplandeciera la luz, Su luz; entonces envió a Su Hijo a nacer en el pueblo Belén de Judea. Jesucristo, el Verbo Encarnado, anunció el Evangelio de la Gloria, un mensaje proveniente del mismo corazón del Creador. ¿Qué decía ese mensaje divino?
1º “…Este es mi Hijo amado; a él oíd.” (San Lucas 9:35);

2º “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.” (San Marcos 1:15);

3º “…de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. / Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. / El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” (San Juan 3:16-18) y

4º “…De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” (San Juan 3:5)

Estos cuatro enunciados son de Jesús. Nadie puede decir que sean creación de sus apóstoles o una interpretación de sus palabras. En las palabras y presencia de Jesús resucitado resplandece la Verdad de Dios, y los cristianos, sobre todo quienes hemos recibido el ministerio, somos ministros de ese Evangelio de luz.

Comentarios

Entradas populares