viernes, 30 de julio de 2010

1 CORINTIOS 3: CRISTO, NUESTRA UNIDAD.

Ubicación de Corinto en Grecia.


“1 De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. 2 Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, 3 porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? 4 Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?”

El hombre natural no entiende las cosas de Dios porque no tiene la mente Cristo, en cambio el que es nacido de nuevo –el espiritual –ese sí que puede discernirlas. Pero cuando el cristiano, que tiene el Espíritu Santo, se resiste a vivir según su naturaleza espiritual y todavía conserva el modo de pensar, sentir y actuar del mundo, entonces éste es un “carnal” porque, debiendo vivir conforme al Espíritu, vive según su carne o naturaleza humana. Éste es aún un “niño en Cristo”.

El Apóstol se vio en la necesidad de hablar a los corintios “como a carnales” pues su comportamiento así lo demostraba. ¿Qué hizo concluir a Pablo que estos hermanos eran todavía “niños en Cristo”? Porque en la Iglesia de Corinto existían conductas divisionistas, separatistas, caudillistas, que no favorecían la unidad y el amor sino las diferencias? Los hermanos tomaban partido en torno a un hombre, llegando a decir “Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos” Quizás esos valoraban la fuerte personalidad y sabiduría de San Pablo y los otros admiraban la elocuencia de Apolos; sin embargo ambos eran siervos de Dios dotados del Espíritu Santo y con hermosas cualidades de Jesucristo.

Este Texto debe movernos a la reflexión y autoevaluación ¿Actúo yo también de ese modo? ¿Hago diferencias entre los distintos siervos del Señor de hoy? ¿Soy partidario de unos y detractor de los otros? Hoy por hoy diríamos que es peor, pues llegamos a excluir de la Iglesia y la salvación a aquellos ministros que no nos agradan. Cuando existe el “denominacionalismo” es frecuente calificar como “secta” a cualquier Iglesia o Ministerio que no siga nuestra doctrina. Como en esos tiempos, hoy día algunos son del siervo “A”, otros del ministro “B” y nosotros del pastor “C”. ¿Qué nos diría el Apóstol Pablo si viviera en estos días? Probablemente se escandalizaría. Somos tan carnales y superficiales que tomamos bandera por un predicador por su vestuario, sus modales, su modo de hablar, su simpatía o su voz. Rechazamos a aquél porque le acompañan músicos que no nos agradan. Es decir juzgamos según la carne y no de acuerdo al Espíritu Santo. Y lo más grave, acerca de esto último: confundimos el Espíritu Santo con ciertas expresiones externas, tales como gritos, brincos y llanto.

Analicemos la situación actual. La Palabra de Dios nos dice: “…pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” Tres elementos se destacan en la conducta de cristianos carnales:

a) Celos. Este es, según el Diccionario, un “interés extremado y activo que alguien siente por una causa o por una persona.” Nuestro interés no debe estar puesto en las personas sino en Jesucristo. no debemos ser seguidores de pastores, evangelistas o predicadores, sino del Señor. Ciertamente Dios gobierna la Iglesia por medio de hombres y mujeres que son autoridades eclesiásticas, pero no es apropiado llevar al extremo esa admiración y seguimiento que hacemos de ellos. Las personas fallan, son pecadoras, a veces decaen y la misma aprobación pública exagerada puede dañarles. No tengamos celo por nuestros pastores sino que oremos por ellos, apoyémosles y cuidemos su vida espiritual acercándonos más a Jesucristo: “Orad por nosotros; pues confiamos en que tenemos buena conciencia, deseando conducirnos bien en todo.” (Hebreos 13:18)

b) Contiendas. Estas son las riñas que se producen entre equipos o partidos de personas, muy frecuentes en la política. ¿Es correcto que esto suceda también en la Iglesia? Las personas disputan sobre quien es más razonable, bíblico, fervoroso o santo; discuten sobre cuál doctrina es la correcta y tienen sus representantes en ciertos líderes cristianos; hacen debate y se enojan y enemistan porque no llegan a un acuerdo. Las contiendas en la Iglesia producen separaciones entre hermanos en Cristo, dividen a las congregaciones y, con nuestro principio de libre interpretación de la Escritura –del cual no reniego –, surge una nueva forma de entender la Palabra y con ello una nueva “denominación”. Las contiendas por cuestiones externas, por estilos de evangelismo, por modos de gobierno eclesial, por formas de liturgia y aún por ciertos asuntos doctrinales, son discusiones ociosas que en nada contribuyen al amor entre los hermanos. El Señor dijo que sus discípulos se distinguirían por el amor y no por otros aspectos de la fe: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” (San Juan 13:35). El Apóstol advierte en otro lugar: “Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes.” (2 Timoteo 2:14)

c) Disensiones. Viene del verbo disentir que significa “no ajustarse al sentir o parecer de alguien.” En una discusión, alguien puede decir disiento de tu opinión. No es malo disentir, es algo muy humano ya que todos procedemos de distintas familias, ambientes, tenemos educaciones diferentes y, además, cada uno ha sido creado por Dios como un ser humano con personalidad propia. Por lo tanto tenemos modos de pensar, formar de sentir y de obrar distintas unos de otros. Pero hay Alguien con quien no podemos “disentir”: el Señor Jesucristo. Esto implica conocerlo bien a Él, para estar de acuerdo completamente con Su Persona. ¿Cómo conocerle? a) orando, teniendo comunión con Él, amándole y adorándole; b) leyendo la Palabra de Dios, estudiándola y reflexionándola, procurando aprehender Su doctrina; c) participando en la Santa Cena y comprendiendo la obra de Jesucristo en la cruz, discerniendo el Cuerpo de Cristo; d) asistiendo a la comunidad cristiana y amando a los hermanos como al Señor, sujetándonos a los pastores y obedeciéndoles con humildad y fe. Estas acciones nos ayudarán a conocer a Cristo y a no tener disensiones. Si bien es cierto que todos somos diferentes, mas todos nos encontramos en Jesucristo, pues en Él no hay disensión. El Espíritu Santo nos aconseja: “1 … os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, 2 con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, 3 solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; 4 un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; 5 un Señor, una fe, un bautismo, 6 un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.” (Efesios 4:1-5)

Concluye este capítulo de la carta a los hermanos de la Iglesia de Corinto exaltando la propiedad que tiene Dios sobre las vidas de los cristianos, de modo que nadie sienta celos, mantenga contiendas o disienta del otro, por seguir personas o palabras: “21 Así que, ninguno se gloríe en los hombres; porque todo es vuestro: 22 sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir, todo es vuestro, 23 y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.” Si hacemos lo contrario, somos tan carnales como los demás hombres, mas en Cristo está nuestra unidad.

jueves, 29 de julio de 2010

1 CORINTIOS 2: CRISTO, NUESTRA MENTE.

“14 Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. 15 En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. 16 Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.”

Las personas que no han reconocido a Jesucristo como su Salvador y Señor no pueden percibir lo que hace el Espíritu Santo, porque esas personas no han nacido de nuevo ni tienen morando al Señor en su corazón. Es el Espíritu el que nos guía a toda verdad y justicia[1] y nos puede dar el entendimiento espiritual para comprender los asuntos Divinos. Hay hombre natural y hombre espiritual; el primero es el que hay no es salvo, el segundo es el que ya ha sido salvado; el primero no tiene el Espíritu de Dios, el segundo sí lo tiene.

Para el hombre sin Dios u “hombre natural” las cosas tocantes a la Divinidad son extrañas, incomprensibles, ilógicas, poco realistas, subjetivas, dudosas, una locura y hasta una tontería. Como no las entiende las rechaza y se las deja a lo que él llama la “religión”. Así, poniendo como barrera la religión, se aparta de Dios y se defiende de los que vienen a hablarle del Evangelio o de la Palabra de Dios, diciendo “yo tengo mi religión”, “no me cambien de religión”, “esas son cosas de religión y a mí no me interesan”, y otras excusas semejantes.

Para discernir las cosas de la fe es necesario haber experimentado un cambio de naturaleza, haber nacido de nuevo –como enseña Jesús: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”[2] –ya no ser un hombre natural sino un hombre sobrenatural o espiritual, que porta dentro de sí el Espíritu de Él. Discernir se define como “distinguir algo de otra cosa, señalando la diferencia que hay entre ellas”. Si alguien no ha experimentado la fe verdadera, es imposible que distinga entre los dos reinos del espíritu, qué es el pecado y cómo superarlo, la operación de los dones del Espíritu, etc. Tampoco puede discernir y separar entre espíritu y alma, porque para él son la misma cosa. Por otro lado llama espiritual a todo lo referido a las creencias y aún hasta lo cultural es para esa persona lo espiritual. No sabe discernir como señala la Escritura: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”[3] Separar entre pensamientos y motivaciones de las personas es un asunto delicado y profundo, posible sólo a quien tenga las herramientas espirituales para hacerlo.

Cuando el Texto nos dice que “el espiritual juzga todas las cosas” no se refiere a un juicio condenatorio sino a la comprensión o discernimiento de las cosas. El cristiano en ese caso no está juzgando a su prójimo, sino que sencillamente discerniendo sus conductas y motivaciones, guiado por el Espíritu Santo y la Palabra de Dios. Es un juicio sin condenación, cosa que deja al Señor.

El cristiano no puede ser juzgado porque sólo el Señor nos juzga rectamente. Sí podemos ser discernidos por otros cristianos, sobre todo si ellos tienen el don de discernimiento[4] mas no juzgados en el sentido legal. La Palabra de Dios dice que el nacido de nuevo “no es juzgado de nadie” porque actúa conforme a la voluntad de Dios, por lo tanto nadie puede cuestionarle. Sin embargo somos pecadores y siempre cometeremos algún error y muchos pecados, pero el que nos juzgará por ello siempre será el Señor. ¿No puede juzgar la Iglesia? Sólo juzgar en el sentido de discernir pero no con el propósito de imponer castigos. No corresponde a la Iglesia juzgar; aún los tribunales eclesiásticos están sólo para discernir la conducta del hermano, mas el castigo lo decide el Señor. La Iglesia no funciona como el mundo, no puede juzgar, sentenciar y condenar, sólo puede discernir y perdonar. Cuando Jesús recomienda, frente al caso de un desobediente, “si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano”[5] está apelando a nuestra comprensión y misericordia, no pide que le condenemos y expulsemos de la Iglesia, sino que lo consideremos como alguien que no puede discernir lo espiritual, o sea un incrédulo.

La mente del Señor el hombre no puede conocerla por sí solo. Es preciso que venga Dios mismo a nosotros para poder comprender algo de la mente de Cristo. Obviamente el Espíritu Santo conoce la mente de Dios. Por lo tanto es lógico pensar que, quien tiene Su Espíritu, puede por el Espíritu comprender la mente del Señor. El Apóstol va más lejos y afirma: “Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.” Si usted tiene al Señor en su corazón, también lo tiene en su mente. El modo de pensar de Jesucristo ya está en el cristiano. Sólo requiere activar ese modo de razonar, interpretar, discernir y comprender la vida.

¿Quién conoció la mente del Señor? El Padre, el Espíritu Santo y ahora Su Iglesia, en la que los cristianos estamos incluidos. ¿Quién le instruirá al Señor? Nadie, puesto que Él es la Verdad y todo lo sabe. Al contrario, Él nos instruye a nosotros, diariamente, a cada minuto, pues tenemos Su mente, Cristo es la mente del cristiano.

[1] San Juan 16:13
[2] San Juan 3:3
[3] Hebreos 4:12
[4] 1 Corintios 12:10
[5] San Mateo 18:17

martes, 27 de julio de 2010

1 CORINTIOS 1: CRISTO, NUESTRA ÚNICA GLORIA.

“26 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia. 30 Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; 32 para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.”

Reflexionen, nos dice el Espíritu Santo, sobre su llamado. No somos personas tan importantes, tan poderosas económica o culturalmente, ni siquiera tenemos títulos nobiliarios; no somos personas más notorias que otras en este mundo, sin embargo Dios nos ha escogido. Él nos llamó no por nuestras capacidades ni autoridad, sino por pura misericordia. Es que Él nos amó, y tuvo lástima de nuestra condición espiritual como perdidos pecadores, condenados a eternidad.

En vez de escoger a lo más inteligente, poderoso y granado de la sociedad, Él optó por seres humanos corrompidos por el pecado, la ignorancia espiritual, la culpa y la soledad. ¿Por qué lo hizo así? El Espíritu Santo responde: “para avergonzar a lo fuerte”. Para que el orgulloso y soberbio mundo triunfalista quedase avergonzado ante nuestra salvación; para que ninguno osase pensar que por su poder, por su dinero, por su belleza o por su inteligencia, podría conquistar un tesoro tan preciado como la salvación del alma.

La razón de su elección por lo vil y menospreciado del mundo es para “que nadie se jacte en su presencia” Nada más desagradable para Dios que la jactancia. El orgullo de ser alguien ante Dios, la soberbia de mandarse a sí mismo y resolver los problemas sin ayuda de Dios, la vanidad de creerse alguien, son cosas que dan asco al Señor. “Los vomitaré de mi boca” dice en el libro de la Revelación o Apocalipsis, refiriéndose a aquellos que se creen alguien superior.

Por tal causa estamos vivos para Dios, Él nos ha rescatado de las tinieblas y ahora vivimos en Jesucristo. ¿Quién es Jesucristo para el cristiano? El Espíritu Santo responde:

a) El Señor es la única Sabiduría que poseemos, no hay otra. Podremos tener algunos conocimientos y ciertas habilidades para manejar algunas cosas de la vida, pero lo único que nos hace sabios es Jesucristo. Él es nuestra Sabiduría.

b) Por Jesús fuimos hechos justos ante el Padre; nominativa y realmente somos justos para Dios. Dios nos ve como personas que actúan bien, no pecan, poseen Sus valores y viven en santidad, no porque realmente lo seamos sino porque llevamos a Cristo en nuestro interior, Él mora en nosotros. Dios ve a Jesús en cada cristiano. El Señor nos ha justificado. Jesucristo es nuestra justificación.

c) En la cruz Jesús lavó nuestros pecados con Su sangre. En Su vida Él vivió una vida de santidad por nosotros y en la muerte conquistó esa santidad para todo cristiano. Somos santos en posición ante Dios porque Jesucristo nos ha hecho santos. Pero también desarrollamos santidad, somos santos en proceso por medio de la acción del Espíritu en nosotros. Él esta tratando con cada cristiano para volverlo a la imagen de Jesús. Seguimos siendo pecadores pero Jesús es nuestra santificación.

d) Fuimos comprados por Jesús a precio de sangre. El comprador es Jesús, nuestra vida eterna es la mercadería que se transa, el vendedor es el diablo que nos tenía subyugados y esclavizados bajo sus garras, en pecado y desobediencia. Jesucristo por su muerte de cruz pagó el precio de nuestro pecado, y ya en su propiedad nos ha dado la libertad. Ese es el misterio de la redención. En la Antigüedad, cuando alguien quería dar libertad a un esclavo lo compraba y luego lo declaraba liberto, es decir lo redimía. Es lo que hizo nuestro Salvador: Jesucristo nos redimió de la esclavitud de las tinieblas. Él es nuestra redención.

Si Jesucristo lo es todo para el discípulo ¿quién podrá gloriarse o envanecerse de hacer algo o ser alguien? Nadie. Sólo el Señor Jesucristo puede ser motivo de gloria y exaltación para un verdadero cristiano.

martes, 20 de julio de 2010

ROMANOS 16: SALUDOS Y UNA ADVERTENCIA.

Saludos.

Este último capítulo está dedicado a entregar saludos personales a divesos discípulos en Roma. Comienza recomendando el buen cuidado de "nuestra hermana Febe, la cual es diaconisa de la iglesia en Cencrea". El diaconado es un importante y valioso ministerio de la iglesia apostólica. Las diaconisas visitan los enfermos, hacen obras de misericordia, se ocupan de resolver los problemas prácticos del pueblo de Dios y colaboran con los ministros. Pablo pide "2 que la recibáis en el Señor, como es digno de los santos, y que la ayudéis en cualquier cosa en que necesite de vosotros; porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo." Febe es una mujer llena de amor y comprometida con la obra del Señor, preocupada de resolver las dificultades de los siervos de Dios.

Envía un saludo a sus "colaboradores en Cristo Jesús", Priscila y Aquila. Recuerda que ellos "4 ... expusieron su vida por mí; a los cuales no sólo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles." En la casa de este matrimonio funcionaba una iglesia: "5 Saludad también a la iglesia de su casa."

Luego viene una serie de saludos muy afectuosos y bastante personalizados:

Saluda al amado Epeneto, primer fruto de Acaya para Cristo.

Saluda a María, hermana de Roma, "la cual ha trabajado mucho entre vosotros."

Saluda a sus parientes y compañeros de cárcel, Andrónico y Junias (se piensa que este último puede ser una mujer), "muy estimados entre los apóstoles, y que también fueron antes de mí en Cristo."

Saluda a Amplias, Urbano, Estaquis, Apeles, todos amados y este último "aprobado en Cristo".

Saluda a los de la casa de Aristóbulo.

Saluda a su pariente Herodión.

Saluda a los de la casa de Narciso.

También recuerda y saluda a Trifena y a Trifosa, las cuales trabajan en el Señor. Otra mujer que saluda es "la amada Pérsida, la cual ha trabajado mucho en el Señor".

Saluda a Rufo, escogido en el Señor, y a su madre que trata como suya.

Saluda a Asíncrito, a Flegonte, a Hermas, a Patrobas, a Hermes y a los hermanos que están con ellos; a Filólogo, a Julia, a Nereo y a su hermana, a Olimpas y a todos los santos que están con ellos."

16 Saludaos los unos a los otros con ósculo santo. Os saludan todas las iglesias de Cristo."

Una recomendación.

El Apóstol advierte a los hermanos de Roma, sobre "17 ... los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido ..." Le encarga que no se mezclen con ellos, ordena drásticamente "que os apartéis de ellos."

Señala que esas personas van en pos de sus propios intereses personales, engañando a los ilusos: "18 Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos."

Recomienda que "19 ... seáis sabios para el bien, e ingenuos para el mal." Un buen consejo vigente hasta el día de hoy. La ingenuidad aplíquese al mal pero no seamos ilusos al punto de dejarnos embaucar por falsos maestros.

Hay saludos de parte de Timoteo "mi colaborador", Lucio, Jasón y Sosípater, "mis parientes". Tercio es el discípulo que escribe la carta y también saluda en el Señor. Otros saludos, de Gayo "hospedador mío y de toda la iglesia", de Erasto, "tesorero de la ciudad", y del hermano Cuarto.

Doxología final.

La palabra "doxología" viene del griego δόξα, gloria, y -logía, estudio; y significa Fórmula de alabanza a la divinidad, especialmente a la Trinidad en la liturgia cristiana y en la Biblia.

Termina la Epístola a los Romanos con la siguiente doxología: "25 Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, / 26 pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe, / 27 al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén."

En esta doxología se presenta a Dios como: a) el que confirma por la Palabra de Dios y la revelación del Espíritu Santo; b) el que se ha manifestado en Jesucristo a todas las gentes; y c) el Único y Sabio Dios.

domingo, 18 de julio de 2010

ROMANOS 15: AMOR CRISTIANO.

El primer párrafo de este capítulo 14, continúa con el tema del anterior referente a nuestro deber hacia los hermanos débiles. Los párrafos siguientes tratan sobre el amor cristiano. Esta parte se subdivide en: el Evangelio a los gentiles y Pablo se propone ir a Roma.

Nuestro deber hacia los hermanos débiles.

Toda la enseñanza sobre como comportarnos con los de fe débil, se resume en este versículo: "1 Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos." Al hacerlo así estaremos imitando al Señor "3 Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: Los vituperios de los que te vituperaban, cayeron sobre mí."

Amor cristiano.
a) El evangelio a los gentiles.
Sobre cualquier diferencia, debemos recibirnos "7 ... los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios." Hasta el Señor Jesucristo se hizo "siervo de la circuncisión" con el propósito de "8 ... mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres, / 9 y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia..." Se debe hacer lo imposible por dar a conocer el Evangelio a todos, y en especial a los gentiles.

San Pablo se identifica con el llamado a los gentiles "16 para ser ministro de Jesucristo a los gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que los gentiles le sean ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo."

Se gloría el Apóstol de este llamado de Dios, trabajo que Él ha acompañado con palabra y obras, "19 con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios..."

Su gloria es "no edificar sobre fundamento ajeno, 21 sino, como está escrito: Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él, verán;
Y los que nunca han oído de él, entenderán."

b) Pablo se propone ir a Roma.
Por su dedicación al ministerio entre los gentiles se ha "visto impedido muchas veces de ir a vosotros". Mas él desea visitar a los romanos: "23 ... deseando desde hace muchos años ir a vosotros, / 24 cuando vaya a España, iré a vosotros; porque espero veros al pasar, y ser encaminado allá por vosotros, una vez que haya gozado con vosotros."

Ahora se dirige a Jerusalén "para ministrar a los santos. / 26 Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén." Cuando haya concluido la entrega de la ofrenda y la Palabra, promete Pablo "pasaré entre vosotros rumbo a España. / 29 Y sé que cuando vaya a vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del evangelio de Cristo."

Les ruega humilde y amorosamente que oren por él, "30 ... que me ayudéis orando por mí a Dios, / 31 para que sea librado de los rebeldes que están en Judea, y que la ofrenda de mi servicio a los santos en Jerusalén sea acepta" Él desea llegar con gozo del Espíritu a los hermanos que estánm en Roma y ser "recreado juntamente con vosotros".

"33 Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén."

domingo, 11 de julio de 2010

ROMANOS 14: NUESTRO DEBER HACIA LOS HERMANOS DÉBILES.

¿Quiénes son los débiles en la fe? Son aquellos cristianos cuya fe está muy determinada por asuntos legales o costumbres que no inciden en los aspectos fundamentales de la doctrina. Por ejemplo: ¿es lícito a un cristiano beber vino o alcohol? ¿es correcto asistir a cultos de otras iglesias o religiones? ¿es pecado comer carne de cerdo? ¿está bien trabajar en día de descanso? ¿puede bailar un cristiano? etc. etc.

Este problema también lo tenían algunos cristianos de aquella época.

El Apóstol se considera de criterio amplio, no es un "débil en la fe", y aconseja: "1 Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones."

Su primer consejo es no contender sobre opiniones. Es interesante notar que no dice "doctrinas" sino "opiniones". Muchos asuntos, como el vestuario, la música, la comida, etc. son sólo asuntos de opinión. Alguien opina que comer carne es malo, otro piensa que no se debe aplaudir en el templo, en fin cada uno tiene su propia opinión. No discutamos sobre aquellas cosas que no inciden en la doctrina cristiana, "2 Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres."

El segundo consejo es no menospreciar al que piensa distinto. El respeto a la diversidad de opiniones en la Iglesia, puede hacer de nuestra convivencia en la familia de Dios, algo muy bello. "3 El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido." Si viviéramos este principio alimentaríamos el verdadero amor en la Iglesia. ¡Cuánto nos falta para tener un criterio amplio!

Luego va más lejos, instando a no juzgar "4 ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme." Es muy interesante lo que aquí el Espíritu Santo nos aconseja: tener convicción "5 Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. / 6 El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios." Cada cual, con su opinión actúe para el Señor.

Finalmente "10 ... todos compareceremos ante el tribunal de Cristo" y daremos cuenta de nuestra actuación: "12 De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí." La norma ha de ser "13 Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano."

La comida no es inmunda en sí misma, dice Pablo, "14 Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo; mas para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es." Comer o beber determinados alimentos pueden dañar la débil conciencia del hermano. Entonces, abstente de hacerlo ante él. "20 No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias; pero es malo que el hombre haga tropezar a otros con lo que come."

Pero también puede perjudicarte a tí si dudas en hacerlo, si comes o bebes con mala conciencia "22 ... Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba./ 23 Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado." Cuidemos la conciencia y la fe.

miércoles, 7 de julio de 2010

ROMANOS 13: NUESTRO DEBER HACIA EL GOBIERNO Y HACIA TODOS LOS HOMBRES.

Este capítulo trata del deber que tiene todo cristiano hacia el gobierno como con todos los hombres.

Comienza asentando un principio que es para todo creyente en Jesucristo, cualquiera sea el lugar y tiempo en que viva: "1 ... no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas." Sea una autoridad apreciada o no querida por nosotros, sea justa o injusta, es autoridad porque Dios así lo ha permitido. Jesús también se refirió a este principio cuando dijo a Pilato: "... Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba ..." (San Juan 19:11)

De lo anterior colige el Apóstol: "2 De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos." Los cristianos no estamos para rebelarnos contra la autoridad sino para obedecerla y orar por ella. Pero la obediencia tiene un límite: que no vaya contra la Ley de Dios.

Quien está en lugar de autoridad es un servidor de Dios para nuestro bien, y por lo tanto debemos respetarle. Además es un "vengador para castigar al que hace lo malo."

Los creyentes debemos "5 ... estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia."

Otro principio nos da a conocer el Espíritu Santo en esta carta, el que podríamos nombrar como de completa honradez: "7 Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra." ¡Cuánto necesitamos ejercer este valor! Devolver lo que nos prestan, pagar las cuentas al prójimo, diezmar correctamente, dar gracias al que nos ha favorecido, etc. Tenemos muy en poco las deudas con Dios y el prójimo, quizás porque pensamos que recibimos todo de gracia, como un derecho. El cristiano debe preocuparse de no deber "a nadie nada". Su única deuda será el amor.

Y aquí llegamos a un tercer principio en este capítulo: "10 ... el cumplimiento de la ley es el amor." Los mandamientos de Dios se resumen en una sola frase: "9 ... Amarás a tu prójimo como a ti mismo."

Si no andamos cumpliendo estos principios de autoridad, honradez y amor, todavía estamos dormidos y no hemos despertado del sueño del viejo hombre; aún vivimos de noche. "12 La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. 13 Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, 14 sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne." No hacerlo es estar desnudos, luciendo nuestras vergüenzas, andando aún en la carne y no vestidos con el Espíritu.

En este último párrafo del capítulo, se deja ver el lenguaje figurado y rico en significados espirituales, de San Pablo, a saber: el sueño del viejo hombre, la vigilia del convertido, el reino de tinieblas y el reino de luz, la noche del mundo, el día de la manifestación de Jesucristo en los últimos tiempos, las obras de las tinieblas y las armas de la luz, el vestido del cristiano y la desnudez de la carne.

lunes, 5 de julio de 2010

ROMANOS 12: EL CULTO QUE AGRADA A DIOS.

¿Cuál es el culto que agrada a Dios? Nos lo responde el capítulo 12 de la epístola a los Romanos. Esta sección de la carta habla acerca de los deberes cristianos, los cuales son:

1. Presentar toda nuestra vida a Dios. Antiguamente los judíos presentaban corderos y palominos en sacrificio. Ahora Dios nos pide nuestra vida completa como sacrificio a Él.

2. Dar a Dios un culto racional, pensado, reflexivo. Nuestra tendencia es hacia la emoción y el placer, pero Dios quiere que estemos muy conscientes de lo que hacemos para Él: "1 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional."

3. No adaptarnos al mundo. Dios no quiere vernos ceder a los antivalores y principios perversos de la sociedad actual. Por ejemplo, hoy día se presenta la sexualidad como una opción y se toma con naturalidad la homosexualidad, al punto de permitir el matrimonio entre personas de un mismo sexo, e incluso que ellos puedan adoptar y criar hijos. Tal cosa es antibíblica y está en contra de lo que Dios planeó. No podemos aceptar el deterioro de la familia.

4. Renovar nuestro modo de pensar pagano, volviéndonos cristianos, con la mente de Dios. Al cambiar el modo de pensar, cambiamos el modo de actuar y allí experimentamos en carne propia la Verdad de Jesús: "2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta."

5. Ser humildes y conocer nuestras cualidades, defectos y limitaciones. Al mismo tiempo autovalorarnos justamente, sin envanecernos ni tampoco tenernos en poco: "3 Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno."

6. Tomar conciencia que pertenemos a un Cuerpo, el organismo vivo y espiritual llamado Iglesia. Como miembros de ese Cuerpo cumplimos una función distinta e importante cada uno: "4 Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, / 5 así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros."

7. Conocer y utilizar correctamente el don que Dios nos ha dado, para servir a la Iglesia: "6 De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; / 7 o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; / 8 el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría."

8. Amar a los hermanos en la fe y al prójimo en general. Que ese amor sea: a) sin hipocresía, b) con honestidad, c) fraternal, d) con diligencia, e) ferviente, f) con alegría, g) sacrificio y esfuerzo, h) contantes, i) solidarios y j) hospitalarios: "9 El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. / 10 Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. / 11 En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; / 12 gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; / 13 compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad."

9. Responder con bien al que nos hace mal: "14 Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis."

10. Empatizar con los sentimientos de la gente: "15 Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran."

11. Buscar la unidad de los cristianos: "16 Unánimes entre vosotros"

12. No ser orgullosos sino humildes: "16 ... no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión."

13. Hacer el bien y estar en paz con todos: "17 No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. / 18 Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres."

14. No vengarnos, dejar las consecuencias o el castigo a la voluntad de Dios: "19 No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor."

15. Amar con hechos al enemigo o contrario a nosotros: "20 Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza." Las ascuas de fuego se refieren a la vergüenza que le dará al otro por nuestra buena actuación.

16. Siempre vence con el bien al mal. Esa será nuestra victoria. "21 No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal."

viernes, 2 de julio de 2010

ROMANOS 11: LA PROVIDENCIA O ELECCIÓN DE DIOS III.

El remanente de Israel.

Dios no ha desechado al pueblo de Israel por el hecho de haber desobedecido. Siempre habrá un remanente fiel formado por los "4 ... que no han doblado la rodilla delante de Baal./ 5 Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia."

Israel buscaba la justicia de Dios, pero no la alcanzó sino que fue endurecida, "7 ... pero los escogidos sí lo han alcanzado ..."

La salvación de los gentiles.

Por causa de la transgresión de los judíos "11 ... vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos." Esta transgresión vino a ser la riqueza del mundo.

Pablo se confiesa "apóstol a los gentiles", un ministerio de mucha honra. Sus palabras tienen muchas veces la intención de mover a celos a sus hermanos judíos, con tal de "14 ... hacer salvos a algunos de ellos."

Pablo razona así: "15 ... si su exclusión (la de los judíos) es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos?" Si excluirlos de la salvación en Cristo redundó en la salvación de muchos gentiles, el mundo entero ¡qué bendición va a ser su inclusion!

Por otra parte, piensa él: "16 Si las primicias son santas, también lo es la masa restante; y si la raíz (pueblo judío) es santa, también lo son las ramas (Iglesia)."

Luego aconseja a los gentiles no jactarse de la salvación en contra de los judíos pues somos nada más que un "olivo silvestre" injertado en el olivo de Israel. La raíz es la que sustenta a las ramas. "20 ... No te ensoberbezcas, sino teme. / 21 Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará."

Y profetiza: "24 ... si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?" Un día el pueblo de Israel abrirá sus ojos y comprenderá y aceptará que Jesucristo es el Mesías.

La restauración de Israel.

Tal cosa está escrita, todo Israel será salvo: "26 ...Vendrá de Sion el Libertador, Que apartará de Jacob la impiedad. / 27 Y este será mi pacto con ellos, Cuando yo quite sus pecados."

Hay un principio que Dios no puede negar: "29 ... irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios."

Así como los gentiles fueron en otro tiempo desobedientes a Dios, pero Él tuvo misericordia de ellos, así también los judíos han sido desobedientes, para que un día, por causa de la misericordia concedida a nosotros, ellos también alcancen misericordia, "32 Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos."

De este capítulo podemos concluir las siguientes verdades:

1) Siempre habrá en el pueblo de Dios un remanente fiel.

2) La exclusión de los judíos redundó en salvación para los gentiles.

3) Si la raíz de algo es santa, sus ramas también lo son.

4) Los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables.

5) Dios sujetó a todos en desobediencia para tener misericordia de todos.