ROMANOS 6: LA LUCHA DIARIA CONTRA EL PECADO.

Este capítulo trata dos temas: la lucha diaria contra el pecado y la libertad cristiana. La versión Valera los ha subtitulado: a) Muertos al pecado y b) Siervos de la justicia. Cada una de estas partes se inicia con una pregunta del apóstol.

La primera parte, correspondiente a la lucha diaria contra el pecado, comienza con la pregunta: "1 ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?"

La respuesta es "2 En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?" Desde el momento que entregamos nuestra vida a Jesucristo y nos bautizamos, el viejo hombre que éramos quedó sepultado y resucitamos junto con Cristo a una nueva vida en la que ya no somos gobernados por el pecado sino por la justicia de Dios.

Uno de los consejos que da Pablo en esta carta dice "11 Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro." ¡ Cuántas veces no hacemos esto y dejamos vivir el viejo hombre con todas sus concupiscencias, ofendiendo a Dios y desfraudando a nuestros hermanos!

La segunda parte, correspondiente a la libertad cristiana, parte con la pregunta: "15 ¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? ..."

La respuesta del Espíritu Santo es: "15 ... En ninguna manera. /16 ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?"

Al parecer la libertad, como la entiende el ser humano, no existe. Hombres y mujeres piensan que ser libres es hacer lo que se venga en gana, pero eso está muy distante de la libertad que Dios da. Jesús dice "Conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres"; se trata de la libertad del pecado y del diablo, la libertad para funcionar de acuerdo a como el Creador nos formó inicialmente.

Estar bajo la gracia de Dios significa someterse en obediencia a Dios, porque Él nos ha comprado a precio de sangre y ha perdonado misericordiosamente nuestras conciencias, nos ha dado un nuevo corazón y mente, más vida eterna junto a Él. En otras palabras, aunque suene duro, hemos pasado de una esclavitud a otra esclavitud.

La gran diferencia entre la esclavitud del pecado y la esclavitud de la obediencia, es que la primera acarrea la muerte del alma en el infierno y la segunda nos conduce a la eternidad con Dios. Antes de creer en Jesús éramos esclavos del diablo, sin saberlo, "22 Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna."

La lucha diaria del cristiano es contra su propia carne, contra el diablo y contra el mundo y sus tentaciones. No lucha solo sino con las armas espirituales que el Espíritu Santo le brinda (la verdad, la justicia, el evangelio, la fe, la salvación, la Palabra de Dios, la oración, el testimonio). Pelea diariamente por la santidad, pues sabe que "23 ... la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro."

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