martes, 29 de junio de 2010

ROMANOS 10: LA PROVIDENCIA O ELECCIÓN DE DIOS II.

El capítulo 10 continúa tratando acerca de la providencia o elección de Dios. Sobre el tema nos dice el Diccionario Bíblico lo siguiente:

Providencia: Cuidado amoroso y previsor que Dios tiene para con sus criaturas. La providencia de Dios sostiene y gobierna todo lo creado. Su operación es tan extensa como el Universo y tan incesante como el curso del tiempo. Todos sus atributos toman parte en ella. Provee al cuervo su alimento y satisface las necesidades de todo ser viviente. La Biblia nos muestra que toda la Creación le dirige su mirada, y depende de Él (Job 38:41; Salmos 104; 145:15, 16; 147:8, 9), y constantemente declara que todo acontecimiento, así como todo ser, están enteramente subordinados a Él. No hay nada en el Universo que pueda llamarse casual: «La suerte se echa en el seno; mas de Jehová es todo su juicio» (Proverbios 16:33). Ni un gorrión ni un pelo de la cabeza caen al suelo sin su conocimiento (Isaías 14:26, 27; Mateo 10:29, 30; Hechos 17:24-29). Cualquier cosa no fue demasiado pequeña para que Dios la crease, ni demasiado pequeña para que Él deje de conservarla y gobernarla. La historia de cada hombre, la organización y la caída de las naciones, y el progreso de la Iglesia de Cristo revelan a cada momento la mano de Aquel que «obra todas las cosas según el consejo de su propia voluntad».

Dice San Pablo que los del pueblo judío han ignorado "3 ... la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios"

Aclara que "4 ... el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree." El único propósito de la Ley es mostrarnos y demostrarnos que los seres humanos somos incapaces de cumplirla sin Él. Sólo teniéndole en nuestro interior podemos comenzar a ponerla por obra.

Acerca del tipo de justicia que ofrece la Ley de Moisés, la Escritura dice: "5 ... El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas." ¿Y quién puede hacer perfectamente todo lo que ordena la Ley?

Pero la justicia que es por la fe en Jesucristo no sube al cielo para traerlo abajo ni lo hace subir de los muertos, sino que solamente cree en el sacrificio que Él ya hizo. Sólo cree y confiesa "10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación."

No necesito cumplir ninguna ley para alcanzar salvación ya que Jesucristo la cumplió completamente por mi y hasta murió por ella. Sólo basta creer pues "9 ... si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo."

Un último alcance: "17 ... la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios." La fe no es por el hablar la Palabra, tampoco es por confesar pecados, no es por participar en cultos, ofrendar o diezmar, ni por hacer buenas obras, la fe no se adquiere por ningún esfuerzo humano, sino por el esfuerzo Divino, por el oír de la Palabra de Dios. No hay sentido más inactivo que el oído. El Señor ha querido convertirnos por un método en que hay cero participación nuestra: el oir. La fe viene por el oir, "17 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios." Para que nadie pueda enorgullecerse de la fe como algo que ha adquirido por propio esfuerzo.

En Su Providencia, Dios ha querido establecer Su propio modo de salvarnos y ejercer la justicia que es por fe.

sábado, 26 de junio de 2010

ROMANOS 9: LA PROVIDENCIA O ELECCIÓN DE DIOS.

El hijo de la promesa.
Providencia es la disposición anticipada o prevención que mira o conduce al logro de un fin. Dios tiene esa disposición para con la caída del ser humano, Él ha remediado el daño en la cruz del Gólgota, allí resolvió el problema del pecado.

La "Divina Providencia" es el término teológico que indica la soberanía, la supervisión, la intervención o el conjunto de acciones activas de Dios en el socorro de los hombres.

Este capítulo de Romanos habla acerca de: a) La elección de Israel y b) La justicia que es por fe.

La elección de Israel.
Pablo lamenta la incredulidad de los judíos para aceptar a Jesucristo como el Mesías prometido en el Antiguo Pacto: "1 Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo, / 2 que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. / 3 Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; / 4 que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; / 5 de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén."

El Apóstol interpreta las palabras de la Escritura "7 ... En Isaac te será llamada descendencia" así: "8 ... No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes" La promesa de Dios decía: "9 ... Por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo." Este hijo llamado es Isaac, hijo de la anciana Sara. El Señor quiso que Sara tuviese un hijo, Isaac, siendo ella estéril. No era Su voluntad que Abraham tuviera un hijo, Ismael, de la esclava Agar. El hijo de la promesa fue Isaac y no Ismael.

A Rebeca, esposa de Isaac, Dios dijo: "12 se le dijo: El mayor servirá al menor. / 13 Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí." No podemos comprender exactamente porqué Dios prefirió a uno y lo escogió.

El escritor sagrado se pregunta "14 ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera." Y nos recuerda las palabras de Jehová a Moisés: "15 ... Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca." Por lo tanto "16 ... no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia." Incluso, así como a algunos abre los ojos, a otros endurece: "17 Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. 18 De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece."

De acuerdo a lo anterior, entonces es lógico preguntarse: "19 ... ¿Por qué, pues (Dios), inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad?" De inmediato el hagiógrafo nos silencia: "20 ... oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? / 21 ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?"

Razona el Apóstol: "22 ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, / 23 y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, / 24 a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?" Nombra como "vasos de ira" a los desobedientes que pecan contra Dios, es decir todos los seres humanos. Llama "vasos de misericordia" a aquellos seres humanos que libremente optan por el arrepentimiento, la fe en Jesús y la obediencia a Su Palabra.

Los profetas hablaron acerca de este acontecimiento extraordinario. Oseas dice: "25 ... Llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo, Y a la no amada, amada. / 26 Y en el lugar donde se les dijo: Vosotros no sois pueblo mío, Allí serán llamados hijos del Dios viviente." Isaías exclama acerca de Israel: "27 ... También Si fuere el número de los hijos de Israel como la arena del mar, tan sólo el remanente será salvo; / 28 porque el Señor ejecutará su sentencia sobre la tierra en justicia y con prontitud."

La justicia que es por fe.
¿Cómo puede ser que "30 ... los gentiles, que no iban tras la justicia, han alcanzado la justicia, es decir, la justicia que es por fe; / 31 mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó."?

La respuesta nos la da la Biblia: "32 ... Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo, / 33 como está escrito: He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída; Y el que creyere en él, no será avergonzado." Jesucristo es una "piedra de tropiezo" para los judíos y una "roca de caída" para los incrédulos. Pero quien crea en Jesús, recibirá salvación y "no será avergonzado".

En conclusión podemos decir que Dios ha determinado, ante la caída de la Humanidad en pecado, salvarla mediante la fe en Jesucristo, Su Hijo. Así lo ha previsto y provisto Él, en Su Divina Providencia. También escogió al pueblo de Israel para enseñarnos a través de él Su Ley y que somos pecadores, y para prometernos un Salvador, nacido de ese mismo pueblo, Jesucristo. En Su Providencia Divina lo planificó y nadie puede criticarle por ello.

Pero Él ha querido que la salvación mediante un Mesías sea no sólo para los judíos, sino también para los gentiles, es decir para toda la Humanidad. En Su plan ha provisto endurecer a los judíos para permitir la entrada a los gentiles, y posteriormente abrir el corazón de los judíos para que la mayor cantidad de seres humanos obtengan la salvación.

El límite de la Providencia de Dios es la libertad que Él mismo dio al hombre para escoger entre creer y no creer. Su deseo es "... que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad" (1 Timoteo 2:4) pero ello depende de la respuesta que demos a Él.

jueves, 24 de junio de 2010

ROMANOS 8: LAS AFLICCIONES COMO AYUDA CONTRA LA CARNE.

Se ha titulado el capítulo 8 de la Carta a los Romanos "Las aflicciones como ayuda contra la carne", entregándonos mucha claridad sobre el sentido del sufrimiento de los cristianos.

Viviendo en el Espíritu.
Parte la carta afirmando dos cosas:
1) "1 ... ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús". Los cristianos no sufrirán condenación porque ya han creído en el Salvador y lo han aceptado como Señor (gobernante) de sus vidas.
2) "1 ... los que están en Cristo Jesús ... no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu." Los cristianos no viven obedeciendo a su naturaleza humana sino al Espíritu Santo que está habitando dentro de ellos.

El verso 7 declara a la carne en guerra contra Dios. Nuestra naturaleza humana caída, desde Adán, está enemistada con Dios y, aún siendo cristianos, puja por oponerse a Él: "... los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden" El último ítem de este versículo recalca "ni tampoco pueden", porque es imposible para nuestra naturaleza humana sujetarse a la voluntad de Dios. Por eso "8 ... los que viven según la carne no pueden agradar a Dios."

"9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu..." Los cristianos no debemos vivir guiados por la naturaleza humana, sino por la naturaleza espiritual que adquirimos en la conversión y bautismo. Pero podremos vivir guiados por el Espíritu sólo si Éste vive dentro de nosotros: "... si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros..." Agrega en forma radical: "... Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él." Por lo tanto no puede ser guiado por el Espíritu Santo sino por su naturaleza humana.

Las aflicciones ayudan contra la carne, siempre que nos dejemos guiar por el Espíritu Santo y no por la naturaleza caída. Esto es vivir en el Espíritu.

Más que vencedores.
La vida trae aflicciones a todo el mundo, cristianos y no cristianos, pero la actitud nuestra ante el sufrimiento es muy diferente. No lo negamos, no lo rehuímos, tampoco lo buscamos, sino que lo aceptamos preguntándonos ¿Qué desea enseñarme el Señor?: "28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados."

Inmediatamente la carta habla sobre el propósito o meta que Dios tiene para con los cristianos: "29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos." Los creyentes hemos sido predestinados por Él para llegar a ser como Su Hijo Jesucristo. Tenemos toda la vida para desarrollar las virtudes -mejor dicho para que el Espíritu desarrolle las cualidades- de Jesucristo. Todo hijo de Dios es sometido a un tratamiento -frecuentemente doloroso- tendiente al perfeccionamiento de la persona.

Fuimos predestinados, fuimos llamados, fuimos justificados en Cristo, y un día seremos glorificados y viviremos eternamente en gloria con Él. Toda la Iglesia (la multiplicidad de cristianos) formará un día Uno con Cristo: "30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó."

Las aflicciones ayudan contra la carne porque pulen el carácter del cristiano, porque permiten que el Espíritu desarrolle las virtudes de Jesús en nosotros. Sólo por medio de esas aflicciones (enfermedades, circunstancias difíciles, muertes, pérdidas, fracasos, enemigos, etc.) pueden hacer aflorar y poner en función los dones del Espíritu, desarrollar virtudes teologales y cardinales.

Estamos en el plan de Dios y nada nos podrá sacar de la ruta que Él estableció para nuestra vida, "39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro." ¡Qué maravillosa realidad y promesa!

martes, 22 de junio de 2010

ROMANOS 7: MUERTO A LA LEY.

Muerto a la Ley, una analogía tomada del matrimonio.

Para el Apóstol, servir a Dios sólo procurando siempre guardar la Ley es vivir bajo "el régimen viejo de la letra". Lo que Dios desea, nos dice Pablo, es que vivamos sometidos al "régimen nuevo del Espíritu". Una cosa muy distinta es obedecer a alguien porque así está escrito en una ley o estatuto y tener el temor del castigo por no cumplirla; a obedecer a alguien porque se le ama y no deseamos ofenderle ni perjudicarle, queremos sólo hacerle bien.

El Apóstol Pablo quiere llevarnos, junto con los judíos "(pues hablo con los que conocen la ley)", hacia un nuevo modo de servir a Dios, hacia una forma menos externa, quiere que el cumplimiento de la Ley de Dios sea desde dentro, desde el corazón. Por eso la Escritura habla de cambiar el corazón del hombre, de poner un nuevo corazón, de poner Su Espíritu dentro de nosotros. El cristianismo no es una religión de normas y leyes, como el judaísmo, sino una religión de amor, de relación personal, amorosa y paternal con Dios. A veces las iglesias quieren volver la fe cristiana a esos rudimentos antiguos, atiborrando el alma de los hijos de Dios con todo tipo de reglamentos que cohartan la fluida relación de amor que Dios desea tener con Sus hijos.

Para inculcarnos que los cristianos ya no debemos funcionar por obligación, bajo la Ley, el escritor se vale de un símil. Compara nuestra relación con Dios a través de la Ley, con un matrimonio. Él dice: la Ley rige sobre los esposos mientras ambos están vivos, en cuanto uno de los dos muere ya no hay matrimonio ni obligación de uno para con otro. Si ustedes ya murieron con Cristo, entonces ahora la Ley nada puede hacer contra ustedes. "4 Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios."

La conclusión es que el correcto modo de servir a Dios, a partir de la conversión a Jesucristo, ya no es sirviendo a la Ley sino bajo el régimen del amor de Dios.

El pecado que mora en mí: un conflicto dentro del creyente.

Luego que ha establecido que ya no somos esposos de la Ley sino de Cristo, se avoca al problema del pecado que persiste en el cristiano. Si ya no funcionamos por Ley "7 ¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera."

Explica que la Ley es muy útil al ser humano ya que le muestra su pecado: "7... Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás."

Pero advierte que la Ley que prohibe, estimula al hombre a pecar: "8 Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto."

"12 ... la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno" pues expresa el deseo de Dios con respecto a nosotros. Él quiere que actuemos así como lo describe Sus mandamientos.

Hay un conflicto muy grande dentro de todo cristiano, Pablo lo dice muy bien: "14 Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. / 15 Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. / 16 Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena."

Quien actúa en el hombre cuando desobedece a Dios, es el pecado que vive en él: "17 De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. / 18 Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. / 19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. / 20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí."

Interiormente el ser humano (cristiano) se deleita en la ley de Dios; pero su naturaleza humana se rebela contra esa ley y lo lleva cautivo a una ley o principio de pecado que está en sus miembros. Tal frustración lleva a exclamar al Apóstol: "24 ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?"

El único que puede liberarnos de este "cuerpo de muerte", de esta naturaleza que nos conduce al mal, es nuestro Señor Jesucristo, pues el mató este cuerpo en la cruz . Aunque la carne del ser humano esté gobernada por la "ley del pecado", su mente sirve a la ley de Dios. La solución para resolver este antagonismo interno entre mente y carne, entre la ley del pecado y la ley de Dios, es la cruz, la muerte del viejo hombre en la cruz de Jesucristo, no vivir conforme a la carne sino conforme a la aspiración de nuestra mente, dicho mejor "conforme al espíritu".


domingo, 20 de junio de 2010

ROMANOS 6: LA LUCHA DIARIA CONTRA EL PECADO.

Este capítulo trata dos temas: la lucha diaria contra el pecado y la libertad cristiana. La versión Valera los ha subtitulado: a) Muertos al pecado y b) Siervos de la justicia. Cada una de estas partes se inicia con una pregunta del apóstol.

La primera parte, correspondiente a la lucha diaria contra el pecado, comienza con la pregunta: "1 ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?"

La respuesta es "2 En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?" Desde el momento que entregamos nuestra vida a Jesucristo y nos bautizamos, el viejo hombre que éramos quedó sepultado y resucitamos junto con Cristo a una nueva vida en la que ya no somos gobernados por el pecado sino por la justicia de Dios.

Uno de los consejos que da Pablo en esta carta dice "11 Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro." ¡ Cuántas veces no hacemos esto y dejamos vivir el viejo hombre con todas sus concupiscencias, ofendiendo a Dios y desfraudando a nuestros hermanos!

La segunda parte, correspondiente a la libertad cristiana, parte con la pregunta: "15 ¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? ..."

La respuesta del Espíritu Santo es: "15 ... En ninguna manera. /16 ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?"

Al parecer la libertad, como la entiende el ser humano, no existe. Hombres y mujeres piensan que ser libres es hacer lo que se venga en gana, pero eso está muy distante de la libertad que Dios da. Jesús dice "Conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres"; se trata de la libertad del pecado y del diablo, la libertad para funcionar de acuerdo a como el Creador nos formó inicialmente.

Estar bajo la gracia de Dios significa someterse en obediencia a Dios, porque Él nos ha comprado a precio de sangre y ha perdonado misericordiosamente nuestras conciencias, nos ha dado un nuevo corazón y mente, más vida eterna junto a Él. En otras palabras, aunque suene duro, hemos pasado de una esclavitud a otra esclavitud.

La gran diferencia entre la esclavitud del pecado y la esclavitud de la obediencia, es que la primera acarrea la muerte del alma en el infierno y la segunda nos conduce a la eternidad con Dios. Antes de creer en Jesús éramos esclavos del diablo, sin saberlo, "22 Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna."

La lucha diaria del cristiano es contra su propia carne, contra el diablo y contra el mundo y sus tentaciones. No lucha solo sino con las armas espirituales que el Espíritu Santo le brinda (la verdad, la justicia, el evangelio, la fe, la salvación, la Palabra de Dios, la oración, el testimonio). Pelea diariamente por la santidad, pues sabe que "23 ... la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro."

viernes, 18 de junio de 2010

ROMANOS 5: LOS FRUTOS DE LA FE.

San Pablo en este capítulo de su carta a los romanos: a) describe los resultados de la justificación y b) hace un paralelo entre Adán y Cristo.


Son, de acuerdo a esta epístola, frutos de la justificación por fe:


1. La "1 ... paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo". Quien no ha aceptado aún el sacrificio de Cristo en la cruz, no puede tener Su perdón y por lo tanto en su conciencia no hay paz, sino que culpabilidad.


2. La esperanza cristiana se basa en el don gratuito de la salvación, en Cristo: "2 por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios."


3. El contentamiento en cualquier circunstancia y la fortaleza para soportarlo todo es otro resultado de la confianza o fe en la sabia voluntad de Dios: "3 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones ..."


4. "3 ... sabiendo que la tribulación produce paciencia" Quien ha sido justificado por la fe en su Señor, soportará pacientemente la tribulación, sabiendo que Él le ha salvado y lo defenderá para la eternidad.


5. Cuando hay paciencia soportamos las pruebas y en la medida que crecemos en fe, somos probados una y otra vez para continuar en nuestro crecimiento. El Espíritu Santo busca nuestra perfección, santificación, configuración con Jesucristo. Como "3 ... la tribulación produce paciencia; / 4 ... la paciencia, prueba"


6. A la cadena tribulaciones - paciencia - prueba se agrega el eslabón de la esperanza "5 y la esperanza no avergüenza..." Hay una esperanza que es sembrada inmediatamente en nuestro corazón al creer en Jesús, "la esperanza de la gloria de Dios", y hay la esperanza que se alcanza por medio de tribulaciones, paciencia y pruebas.


7. El amor es otro fruto de la justificación.Dios nos amó primero; al conocer Su gran amor y experimentar la Presencia de Su Espíritu Santo dentro de nosotros, nos sentimos seguros y confiados, con nuestra esperanza puesta en Cristo, Autor de nuestra salvación. Ningún cristiano debería avergonzarse de llevar esta esperanza en su mente "5 ... porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado."


Ruego al Señor que desarrolle mi fe cada día, para disfrutar de los frutos que ella produce en la vida de Sus discípulos. Amén.


jueves, 17 de junio de 2010

ROMANOS 4: LAS BUENAS OBRAS COMO SIGNOS EXTERIORES DE FE.

En el capítulo anterior, San Pablo concluye que en la relación del ser humano con Dios, la jactancia queda excluida por la ley de la fe. El hombre, dice, "es justificado por fe sin las obras de la ley". Sin embargo la fe no invalida a la ley sino que la confirma.

En el capítulo que ahora nos ocupa, el escritor cita: a) el ejemplo de Abraham y b) la promesa realizada mediante la fe.

Sobre el caso del patriarca Abraham, hace el siguiente razonamiento: Abraham tiene bastantes obras de qué enorgullecerse, pero de nada le valen esas obras delante de Dios. Y cita, para comprobarlo, la Escritura: "Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia." Toda persona que trabaja tiene el derecho de recibir un salario, no es una gracia sino una obligación. Si a una persona se le paga por hacer nada, ciertamente ese salario ya no es tal sino una gracia, algo gratuito. De este modo "5 ... al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia."

Ya en la Antigüedad habló el rey David cuan bienaventurado es el hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras: "7 ... Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos. / 8 Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado." Todos los seres humanos cometemos errores y pecamos, hacemos cosas tan graves contra Dios que merecemos la muerte. Alguien pensará que podrá trabajar para ser santo, mejorar esa conducta y así merecer el perdón de Dios. En ese caso el perdón y la salvación serían el salario de una obra hecha por nosotros. Pero Dios ha provisto algo diferente: Su Hijo Jesucristo ha trabajado por nosotros en la cruz y nos regala la salvación, nosotros sólo necesitamos creerlo. La fe nos es contada por justicia.

Esta justicia por fe le fue contada a Abraham antes de ser circuncidado, o sea en la incircunsición. No es que por la circuncisión se hiciera aceptable para Dios sino que la marca en el cuerpo -corte del prepucio- de la circuncisión vino a ser una señal de que él ya había sido aceptado por Dios: "11 Y recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso; para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia; / 12 y padre de la circuncisión, para los que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado." Por ello, todos los que seguimos a Dios por fe, sin ser circuncidados, podemos considerarnos hijos de Abraham, parte de su pueblo, porque la fe nos ha sido cantada por justicia.

El Espíritu Santo aclara en esta epístola que a Abraham le fue dada "13 ... la promesa de que sería heredero del mundo ..." no por la ley "sino por la justicia de la fe." Hay una gran diferencia entre el proceder de la fe y el proceder de la ley. Si usted confía en alguien estará dispuesto a hacer cualquier cosa por esa persona, como prestarle una cantidad de dinero, pero si desconfía de su sinceridad y buena intención, tal vez lo haga pero le será más difícil y probablemente lo haga por obligación. La fe promete y confía en la promesa a ojos cerrados; en cambio la ley obliga y su no cumplimiento implica un castigo.

Pablo se pregunta ¿para qué podría interponer Dios una promesa a "los que son de la ley" si ellos son los herederos? En ese caso vana resultaría la fe y sería anulada la promesa. Esto significa que la promesa y la fe antecedieron a la Ley y no al revés, "15 Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión." Cuando no hay ley y sólo hay fe, pura confianza, pura relación de amor y amistad, no hay incumplimiento, dolo, culpa ni transgresión; sólo hay comprensión, perdón, amor. Esta es la relación que busca Dios con el ser humano. Mas nosotros nos hemos quedado paralizados en la Ley.

A esta altura del capítulo agrega a los términos ley y fe, otro muy importante en el Evangelio de San Pablo: "gracia", esto es "gratuidad", "gratis" o "gratuito". La gracia es un inmerecido don de Dios para con el hombre. Él dice: "16 Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros" Para que la promesa de la salvación sea por gracia y no por ley, para que sea gratuita y no comprada por medio del cumplimiento de normas, es necesario que sea por fe y no por obras.

Dios le dijo a Abraham: "17 ... Te he puesto por padre de muchas gentes ..." Abraham es padre de los que se relacionan con Dios "por fe" y no "por obras". Dios, por su parte, El que promete, es nada menos que el Creador " ... el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen." Dios puede darnos la vida espiritual, si Él es capaz de resucitar muertos ¡con mayor razón puede dar vida a nuestra alma! Si para Él no hay imposibles, a tal punto que el nombra lo que aún no existe. Nosotros aún no habíamos nacido y Él, hace más de veinte siglos, ya daba su vida por nosotros. ¿No es inmenso el conocimiento de nuestro Dios?

El caso de Abraham es extraordinario y un ejemplo para nosotros. Veamos algunos aspectos de su fe:

a) "18 El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia." Contra la desesperanza del mundo incrédulo, él creyó en la esperanza Divina. Así pudo ser padre de todos los creyentes.

b) Su fe jamás se debilitó porque no miraba con los ojos de la carne sino a través del espíritu, confiando en la promesa de Dios. No tenía puesta la mirada en sus incapacidades o debilidades, sino en el poder de Jehová: "19 Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara."

c) "20 Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios" Abraham, padre de la fe, confiaba en Dios y estaba "21 plenamente convencido de que (Dios) era también poderoso para hacer todo lo que había prometido"

d) Su fe era lo más importante y valioso que poseía. Tener una fe de ese calibre, le permitiría alcanzar la justicia. Su misma fe en el Dios que promete, fue considerada por Dios como justicia, nada más que su fe: "22 por lo cual también su fe le fue contada por justicia."

Los últimos tres versos de este capítulo deben animarnos a vivir por fe y a creer que Jesús vivió una perfecta vida por nosotros, murió por nosotros en la cruz pagando el precio que merecíamos y resucitó por nosotros para hacernos vivir como hombres nuevos una vida nueva en Él. Como al patriarca le fue contada su fe por justicia, también a nosotros, porque "23 ... no solamente con respecto a él se escribió que le fue contada, / 24 sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, / 25 el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación."

miércoles, 16 de junio de 2010

ROMANOS 3: TODOS LOS HOMBRES SON PECADORES.

El capítulo 3 de Romanos plantea numerosas preguntas al lector. Estas interrogantes pueden hacerse aún en estos días y corresponden a las inquietudes razonables de creyentes y no creyentes, las que son respondidas por el Apóstol con toda claridad. Veamos a continuación las dudas con sus respuestas.


Pregunta 1: "1 ¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿o de qué aprovecha la circuncisión?" Respuesta: "2 Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios."


Pregunta 2: "3 ¿Pues qué, si algunos de ellos (judíos) han sido incrédulos? ¿Su incredulidad habrá hecho nula la fidelidad de Dios?" Respuesta: "4 De ninguna manera; antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso; como está escrito: Para que seas justificado en tus palabras, Y venzas cuando fueres juzgado."


Pregunta 3: "5 Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo?..." Respuesta (aquí responde haciendo otra pregunta): "6 En ninguna manera (será injusto Dios); de otro modo, ¿cómo juzgaría Dios al mundo?"


Pregunta 4: "7 Pero si por mi mentira la verdad de Dios abundó para su gloria, ¿por qué aún soy juzgado como pecador?" Respuesta: "22 ... Porque no hay diferencia (entre los hombres), / 23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios"


Pregunta 5: "8 ¿Y por qué no decir ... : Hagamos males para que vengan bienes?" Respuesta: No es explicitada, el Éspíritu Santo desarrollará este tema más adelante, pero es evidente que no se trata de obrar mal para recibir gracia de Dios, sino que de reconocer que somos pecadores y creer en Jesucristo.


Pregunta 6: "9 ¿Qué, pues? Somos nosotros mejores que ellos (los que cometen pecados graves)?" Respuesta: "9 ...En ninguna manera (somos nosotros mejores que el pueblo judío); pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. / 10 Como está escrito: No hay justo, ni aun uno"


Pregunta 7: "27 ¿Dónde, pues, está la jactancia?... (del hombre frente a Dios)" Respuesta: "27 ... Queda excluida (la jactancia del hombre frente a Dios)."


Pregunta 8: "27 ... ¿Por cuál ley? (queda excluida la jactancia humana ante Dios) ¿Por la de las obras?" Respuesta: "27 ... No, sino por la ley de la fe. / 28 Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley."


Pregunta 9: "29 ¿Es Dios solamente Dios de los judíos? ¿No es también Dios de los gentiles?... " Respuesta: "29 ... Ciertamente, también de los gentiles. / 30 Porque Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la incircuncisión."


Pregunta 10: "31 ¿Luego por la fe invalidamos la ley? ... " Respuesta: "31 ... En ninguna manera (la fe invalida la ley), sino que confirmamos la ley."


La Palabra de Dios nos indica que ahora Dios ha manifestado Su justicia aparte de la Ley. Esta justicia o justificación de Dios fue anunciada por el Antiguo Testamento y consiste en hacer justo al hombre ante Dios por medio de la fe en Jesucristo. Declara que no hay diferencia entre judíos y gentiles "23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús". Dios puso a Jesucristo como propiciación o cobertura del ser humano, habiendo pasado por alto, en Su gran paciencia, nuestros pecados pasados. Nadie puede justificarse a sí mismo, puestos que TODOS LOS HOMBRES SON PECADORES. El único Justo es Dios. La obra de la cruz y el Evangelio ha sido hecha "26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús." Amén.

martes, 15 de junio de 2010

ROMANOS 2: HIPOCRESÍA Y JUSTICIA PROPIA.

Este segundo capítulo de la carta de San Pablo a los Romanos, contiene dos temas: a) el justo juicio de Dios y b) los judíos y la ley.
El capítulo anterior hacía mención de un largo listado de pecados que cometemos los seres humanos. Alguien podría defenderse diciendo: yo soy una buena persona y no llego a esos extremos, yo no soy un delincuente ni un pecador. Hasta puede atreverse a criticar y juzgar a quienes cometen tales delitos. A estos el Apóstol amonesta: "1 Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo."
El único camino que resta a quienes cometen estas inmoralidades y faltas contra la ley de Dios, es el arrepentimiento, es decir reconocer que somos pecadores, lamentar esta condición ante Dios y estar dispuesto a cambiar de actitud. "4 ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?"
Asímismo Pablo nos recuerda que hay un día de juicio para todos los seres humanos, sin excep´ción, sean estos judíos, griegos o de cualquier nación. Todos habrán de comparecer ante Dios un día para dar cuenta de sus obras: "Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, / 6 el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: / 7 vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, / 8 pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; / 9 tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, / 10 pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego; / 11 porque no hay acepción de personas para con Dios."
Plantea el escritor que, sea que conozcamos o no la ley de Dios, igualmente seremos juzgados de acuerdo a ella, porque todos los seres humanos llevamos dentro una conciencia que nos hace razonar sobre qué será lo bueno y lo malo: "12 Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados". Nadie escapa al juicio de Dios ya que Él nos ha provisto a todos con esa capacidad para discernir el bien del mal: "15 mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, / 16 en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio."
Al pueblo judío le trata duramente, ya que siendo poseedor de la revelación Divina de Su Ley, no la cumple y les acusa: "24 Porque como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros." De nada vale estar circuncidados, considerarse pueblo de Dios, llevar en el cuerpo esa señal y no obedecer la voluntad de Dios. Finalmente llega a la conclusión de que no es judío quien lleva esa señal en su carne y no cumple la ley, "29 sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios."
¿Pudiera ser que quienes nos consideramos cristianos por la señal del bautismo, pero no obedecemos a la voluntad de Dios, vengamos a ser como aquellos judíos que no cumplían los mandamientos de la Ley de Dios?

lunes, 14 de junio de 2010

ROMANOS 1: LOS PECADOS GRAVES DE LOS HOMBRES.


Romanos es una carta escrita por el apóstol Pablo a los hermanos cristianos residentes en la ciudad de Roma de aquel entonces, a los cuales aún no ha visitado pero espera hacerlo pronto, cuando viaje a España.

En este primer capítulo encontramos: a) la salutación del apóstol, b) su deseo de visitar Roma, c) la famosa declaración del poder del evangelio y d) la descripción de la culpabilidad del hombre.

En el saludo se identifica como uno que ha sido "1 ... llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios". Sus destinatarios también poseen esa singular vocación: "7 ... amados de Dios, llamados a ser santos: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo." Todo cristiano que lea esta carta deberá hacerlo como quien lee una epístola del Espíritu Santo para su propia vida. Los cristianos hemos sido "llamados a ser santos".

Luego expresa su gratitud a Dios por la coherencia de ellos como cristianos: "8 Primeramente doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo con respecto a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo el mundo." Les cuenta que continuamente ora por ellos y que "15 ... pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma."

Los versículos 16 y 17 expresan el centro de la doctrina paulina y del Evangelio, y son el propósito de esta carta, comunicar de qué forma Dios nos libra de culpa y nos salva eternamente: "16 Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. / 17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá."

Esta última frase es el gran descubrimiento de Lutero en el siglo XVI, año 1516, cuando clava las 95 tesis en la puerta de la Iglesia del Palacio de Wittenberg como una invitación abierta a debatirlas. Las tesis condenaban la avaricia y el paganismo en la Iglesia como un abuso, y pedían una disputa teológica en lo que las indulgencias podían dar.

No nos avergonzamos de un mensaje que viene del mismo Dios, un mensaje que no destaca obra de hombres ni da cabida al orgullo humano, puesto que este mensaje nos da la buena nueva que ahora Dios ha bajado hasta nosotros, en forma de hombre, y ha tomado nuestro lugar, muriendo en la cruz, para darnos completa y perfecta salvación. Todo ser humano, si tiene fe en Jesús, puede alcanzar esa salvación y ser considerado justo por Dios, sea de la nación que sea, judío o no judío. La Palabra de Dios es muy clara: "17 ... en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá." Somos justificados o hechos justos para Dios, sólo por medio de la fe y para que vivamos una vida de fe.

Finalmente San Pablo hace en este capítulo 1 de Romanos, una severa descipción y crítica de la condición espiritual y moral del ser humano. Si leemos atentamente nos daremos cuenta que es muy actual, pese a haber sido escrita en el primer siglo. En primer lugar declara como Dios se revela a través de Su creación "20 Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa." Mas ellos prefieren negar su existencia o intervención en la vida humana.

Tal es la necedad del ser humano que ha llegado a adorar lo creado despreciando al Creador: "21 Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. / 22 Profesando ser sabios, se hicieron necios, / 23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles."

El rechazo de Dios lleva a la Humanidad hacia una completa decandencia moral, al no tener Mandamientos Divinos que respetar: "24 Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, / 25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén."

La condición actual del ser humano es fruto de su desobediencia a Dios "27 ... recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío." Destaca el Apóstol la inmoralidad sexual, conocida hoy como homosexualidad y lesbianismo, como un signo evidente de ese alejamiento de Dios: "26 Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza"

La descripción que se hace a continuación de aquellos que "28 no aprobaron tener en cuenta a Dios ..." es demoledoramente actual: "29 estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; / 30 murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, / 31 necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; / 32 quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican."

Estos son los pecados graves de los hombres, todos frutos de un árbol enraizado en la desobediencia al Creador, el rechazo del Salvador y el orgullo de un corazón que no quiere reconocer al Señor de la vida.

domingo, 13 de junio de 2010

HECHOS 28: EL ESPÍRITU SANTO ESCRIBE LA HISTORIA DE LA IGLESIA.

El último capítulo del libro de los Hechos nos cuenta -porque es uno de los libros históricos del Nuevo Testamento, junto con los cuatro Evangelios- la estadía de tres meses de Pablo en la isla de Malta, su llegada a Roma, el ministerio que cumplió en esa ciudad.
En Malta fue mordido por una víbora "5 Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció." Los nativos pensaron que era un dios. Hospedó en la casa de Publio, el hombre principal de la isla, durante tres días. Oró y sanó a su padre, enfermo de fiebre y disentería. "9 Hecho esto, también los otros que en la isla tenían enfermedades, venían, y eran sanados"
Los próximos lugares fueron: Siracusa (tres días), Regio (un día), Puteoli (siete días). Cuando llegó él y sus compañeros a Roma, salieron a recibirles los discípulos "15 ... hasta el Foro de Apio y las Tres Tabernas; y al verlos, Pablo dio gracias a Dios y cobró aliento."
En Roma "16 ... el centurión entregó los presos al prefecto militar, pero a Pablo se le permitió vivir aparte, con un soldado que le custodiase."
Tres días después "17 ... Pablo convocó a los principales de los judíos, a los cuales, luego que estuvieron reunidos, les" testificó y predicó su Evangelio, como él llamaba a su mensaje evangelizador. Volvieron los judíos otro día para una mayor profundización del mensaje y "23 ... les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas. / 24 Y algunos asentían a lo que se decía, pero otros no creían." Como no demostraran acuerdo entre sí, Pablo finalmente declaró: "28 Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán."

El Apóstol "30 ... permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, / 31 predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento." Con estas palabras termina Lucas la historia de los inicios de la Iglesia, que son los hechos del Espíritu Santo.
Si bien es cierto aquí finaliza el relato de la Palabra de Dios, el movimiento del Espíritu Santo continúa hasta nuestros días, por medio del testimonio de la Iglesia. Han transcurrido más de 20 siglos, el Espíritu ha impulsado la evangelización de las naciones; ha producido numerosos líderes y héroes de la fe, algunos de los cuales han dado su vida por Jesucristo; ha inspirado libros y libros de diversas teologías y ha motivado variadas formas de ministerio. El Evangelio se ha llevado a todas las gentes ("los gentiles") y no pocos judíos han reconocido a Jesucristo como el Mesías.
Los cristianos de hoy somos deudores de los primeros discípulos, de los apóstoles, de Pablo, Lucas y todos sus seguidores, de aquellos que dieron su vida por Cristo, como Esteban y Santiago. La Iglesia no comienza hoy ni partió de nada; más que una organización humana es un organismo vivo y multifacético con una trayectoria de siglos. Cada cristiano puede encontrar en esa "Iglesia primera" sus orígenes y los de su denominación, puesto que todos somos herederos del mensaje de Jesucristo transmitido a los apóstoles. La fuente de nuestra fe está en la Persona de Jesucristo retratada en los Evangelios y en la acción del Espíritu Santo en la Iglesia retratada en los Hechos. Como el Evangelio es la descripción de Jesucristo, los Hechos es la descripción de la acción del Espíritu Santo sobre el Cuerpo de Cristo, la Iglesia.

sábado, 12 de junio de 2010

HECHOS 27: EL ESPÍRITU SANTO NOS ADVIERTE EL PELIGRO.


En este capítulo se inicia el cuarto viaje misionero de San Pablo. El relato lo hace Lucas, quien le acompaña en dicha ruta: "1 ... se decidió que habíamos de navegar para Italia ..." Van rumbo a Roma y pasarán por el puerto de Sidón, la isla de Chipre, la ciudad de Mira, hasta "8 ... Buenos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Lasea." En la embarcación viajan además algunos otros presos a cargo de "1 ...un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta", sin contar al "11 ... piloto y al patrón de la nave"

El Espíritu Santo advirtió al Apóstol, cuando este ayunaba y oraba, que tendrían problemas graves. Pablo lo comunica a quienes van al mando "10 diciéndoles: Varones, veo que la navegación va a ser con perjuicio y mucha pérdida, no sólo del cargamento y de la nave, sino también de nuestras personas." No le hacen caso.

Costeando Creta los toma "14 ... un viento huracanado llamado Euroclidón." En este punto utiliza el relato varios términos marineros que es preciso aclarar:

- levar anclas: Quitar el ancla del fondo marino y subirla para que la embarcación parta.

- proa: Parte delantera del barco, la que rompe aguas

- proa al viento: En dirección del viento, lo que hace muy dificultosa la navegación.

- sotavento: La parte opuesta a aquella de donde viene el viento con respecto a un punto o lugar determinado.

- esquife: Barco pequeño que se lleva en el navío para saltar a tierra y para otros usos.

- recoger el esquife: Subir el esquife para estar preparados para abandonar el barco.

- arriar las velas: Bajarlas para disminuir velocidad.

- quedar a la deriva: Sin rumbo a merced del viento y las olas, sin dirección.

- alijar: Aligerar, aliviar la carga de una embarcación o desembarcar toda la carga.

- aparejos de la nave: Conjunto de objetos necesarios para navegar.

La nave es arrebatada por el viento, pierde la dirección y se deja llevar por la tempestad. Logran recoger el pequeño esquife y acercarse en dirección contraria al viento, bajan las velas, mas es tan fuerte la tormenta que se ven en la necesidad de aligerar la carga, echando al mar todo lo que tenían en la nave. Por varios días todo es oscuridad. Lucas cuenta: "20 ... ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos."

Pablo exhorta a la tripulación a "22 ... tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave. / 23 Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, / 24 diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo. / 25 Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho. / 26 Con todo, es necesario que demos en alguna isla."

Finalmente la nave encalla, naufragan y se cumple todo lo que el Espíritu Santo advirtió a través del Apóstol. Llama la atención en este capítulo la similitud de los acontecimientos con los tiempos actuales: hay un mundo convulsionado y un ser humano a punto de perecer en su destino por valores trastocados, alejamiento de Dios e indiferencia a lo que la Iglesia advierte. Ayer como hoy ha habido Pablos, Noés, Moisés, que advierten al mundo su peligrosa condición y el juicio que espera; pero también hoy, como ayer, hay la indiferencia de los líderes y gobernantes hacia la Palabra de Dios. La nave del mundo, parece decirnos la Escritura, va a naufragar, pero aún hay esperanza: una isla de Malta en que podremos salvarnos. Esta esperanza es Cristo, sólo en Él podemos encontrar respuesta y refugio a la desorientación y desorden del mundo.

Podemos hacer otra lectura de este Texto, pero nos resulta terrible: la barca es la Iglesia que está en peligro de naufragar por no hacer caso de las advertencias de su Señor. San Pablo dijo a la tripulación: "21 ... Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan sólo para recibir este perjuicio y pérdida." Librémosnos de perjuicios y pérdidas para el Reino de Dios, obedeciendo a las advertencias que el Espíritu Santo hace a la Iglesia a través de Sus siervos.

viernes, 11 de junio de 2010

HECHOS 26: EL ESPÍRITU SANTO PERSUADE AL PECADOR.

Pablo testifica y predica al rey Agripa. Lo hace tan bien que al término éste dice: "28 ... Por poco me persuades a ser cristiano. / 29 Y Pablo dijo: ¡Quisiera Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas!" El apóstol expresa su profundo deseo de que las autoridades y todo quien le escuche, llegue a tener su misma fe en Jesucristo, mas no encadenado.
En cuanto al juicio Agripa y Festo coincidieron: "31 ... Ninguna cosa digna ni de muerte ni de prisión ha hecho este hombre." Pero, en razón a que él apeló a César, tal derecho como ciudadano romano no se le podía negar: "32 Y Agripa dijo a Festo: Podía este hombre ser puesto en libertad, si no hubiera apelado a César."
La defensa, el estilo del discurso y el vocabulario que utiliza San Pablo en su alocución corresponden a los usos cultos de la época. Él es muy cuidadoso en respetarlos y hace gala de buen trato hacia Agripa y Festo, llegando a ser casi adulador cuando dice: "2 Me tengo por dichoso, oh rey Agripa, de que haya de defenderme hoy delante de ti de todas las cosas de que soy acusado por los judíos. / 3 Mayormente porque tú conoces todas las costumbres y cuestiones que hay entre los judíos; por lo cual te ruego que me oigas con paciencia." Sin duda, como experto evangelizador, sigue el consejo de Jesús: "He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas." (San Mateo 10:16)
Luego va asentando con maestría los hechos contundentes de su testimonio:
- Desde su juventud vivió en Jerusalén y todos los judíos residentes allí conocen su vida.
- Siempre se comportó conforme a la más rigurosa secta judía, como un auténtico fariseo.
- Como todos los judíos, alimentó la esperanza en la promesa de Dios, la venida del Mesías prometido.
- El Mesías vino, lo mataron y resucitó, esa es su convicción ahora; "7 ... Por esta esperanza, oh rey Agripa, soy acusado por los judíos. / 8 ¡Qué! ¿Se juzga entre vosotros cosa increíble que Dios resucite a los muertos?"
- Al principio no creyó en Jesús sino que se opuso a todos los cristianos, persiguiéndolos, encarcelándoles, aprobando que fueran muertos, castigándolos en las sinagogas, forzándoles a blasfemar de su fe y perseguiéndoles hasta en las ciudades extranjeras.
- Un hecho sobrenatural detuvo su carrera en contra de los discípulos de Jesucristo, cuando camino a Damasco es rodeado él y sus acompañantes por "12 ... una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol..." Todos cayeron en tierra y se escuchó una voz que le habló en hebreo: "14 ... Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón."
- Además esta voz de Dios le entregó una misión: "15 ... Yo soy Jesús, a quien tú persigues. / 16 Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, / 17 librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, 18 para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados."
- Lo que hace el Apóstol es sólo obedecer a ese mandato.
Todo el discurso de Pablo lleva el propósito de "persuadir" a Agripa y quienes le acompañan, de que Jesús es el Mesías, el Cristo prometido, que es necesario que se arrepientan de sus pecados y crean en el Salvador para obtener el perdón y la vida eterna. Hace una exposición lógica y razonable que les permita convencerse de la realidad de la experiencia y revelación que Dios le ha dado. Sin embargo no lo aceptan, tildándole de loco: "24 ... Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco."
A veces no basta la cultura, la veracidad y honestidad en relatar nuestras experiencias espirituales ni el conocimiento de las Sagradas Escrituras para conducir a las personas hacia un compromiso con Jesucristo, cuando sus corazones están endurecidos, sus conciencias cauterizadas y sus mentes prejuiciadas contra el Evangelio. Esas personas prefieren considerar locura nuestra fe a reconocer su condición espiritual deplorable. Los pobrecillos no saben que en ello les va la vida eterna.

jueves, 10 de junio de 2010

HECHOS 25: EL ESPÍRITU SANTO DESEA CONVERTIR A LAS NACIONES.

En todo este capítulo se deja ver la racionalidad y justicia del derecho romano.
Porcio Festo, sucesor de Félix, dijo referente al juicio contra Pablo: "5 Los que de vosotros puedan, dijo, desciendan conmigo, y si hay algún crimen en este hombre, acúsenle." Si Pablo había cometido algún delito contra las leyes del imperio romano, lo más lógico era acusarle sometiéndolo a un juicio justo.
Muchas veces se tiene acusaciones contra alguien, pero estamos interferidos por nuestras emociones e impresiones subjetivas. Es lo que les pasaba a los judíos perseguidores de Pablo: "7 Cuando éste llegó, lo rodearon los judíos que habían venido de Jerusalén, presentando contra él muchas y graves acusaciones, las cuales no podían probar" La ley necesita pruebas para hacer justicia y condenar a un hombre.
"8 alegando Pablo en su defensa: Ni contra la ley de los judíos, ni contra el templo, ni contra César he pecado en nada" El acusado se defendía diciendo que no había cometido delito contra la ley de los judíos, de Dios ni del imperior romano.
La ley romana permitía al acusado defenderse. Así lo expresa Festo: "16 A éstos respondí que no es costumbre de los romanos entregar alguno a la muerte antes que el acusado tenga delante a sus acusadores, y pueda defenderse de la acusación." Este derecho no lo utilizó Jesucristo para cumplir, por medio de su muerte, la expiación de los pecados de toda la Humanidad, "muriendo el justo por los injustos".
La acusación que los judíos tenían contra Pablo era de índole religiosa; ellos decían que él enseñaba al pueblo a no respetar las leyes de Moisés. Además lo acusaban de alborotador y mentían afirmando que él instaba a la rebelión contra César. Como en el juicio contra Jesucristo, en este juicio a Pablo, también la autoridad discierne que no hay culpa en el hombre: "25 Pero yo, hallando que ninguna cosa digna de muerte ha hecho, y como él mismo apeló a Augusto, he determinado enviarle a él. / 26 Como no tengo cosa cierta que escribir a mi señor, le he traído ante vosotros, y mayormente ante ti, oh rey Agripa, para que después de examinarle, tenga yo qué escribir. / 27 Porque me parece fuera de razón enviar un preso, y no informar de los cargos que haya en su contra." El derecho romano dejaba cada acción por escrito, toda acusación debía fundamentarse; pretendía administrar justicia civilizadamente.
Pero, a pesar de todo, fallaba, no porque el sistema estuviese errado, sino porque los hombres que administraban ese sistema eran perversos. En el corazón de Félix, Festo o Agripa, había ambiciones personales, intereses económicos, vanidad, en fin pecado que les impedía ser verdaderamente justos.
Pablo sabía perfectamente esto pues conocía el corazón de la gente. Él no buscaba la administración de la justicia humana, lo que menos le interesaba era defenderse él de la muerte; el Apóstol buscaba la administración de la justicia Divina, anhelaba que aquellos hombres conocieran a Dios, así es que no perdió esa oportunidad y la circunstancia de que él era un ciudadano romano, para apelar a Cesar Augusto. " 10 Pablo dijo: Ante el tribunal de César estoy, donde debo ser juzgado. A los judíos no les he hecho ningún agravio, como tú sabes muy bien. / 11 Porque si algún agravio, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehúso morir; pero si nada hay de las cosas de que éstos me acusan, nadie puede entregarme a ellos. A César apelo."
Su mayor interés era alcanzar a las autoridades de la época con el mensaje del Evangelio, por si todo el imperio era convertido a Jesucristo; y ello le costó la vida. ¿Procuraremos nosotros hoy día, como él, alcanzar nuestras naciones para Jesucristo?

martes, 8 de junio de 2010

HECHOS 24: EL ESPÍRITU SANTO NOS DA FORTALEZA CONTRA LOS ENEMIGOS.

A veces surgen enemigos con gran elocuencia, astucia e inteligencia, que atacan duramente al apóstol Pablo, como este Tértulo. Habrá quienes llamen herejía el Camino que él sigue, más eso no lo descoloca ni detiene en su ministerio. La defensa que el propio Pablo hace de sí mismo ante el juez Félix, se basa sobre todo en que él ha actuado con respeto, prudencia y discresión. Alega: "12 y no me hallaron disputando con ninguno, ni amotinando a la multitud; ni en el templo, ni en las sinagogas ni en la ciudad" y "17 ... vine a hacer limosnas a mi nación y presentar ofrendas. / 18 Estaba en ello, cuando unos judíos de Asia me hallaron purificado en el templo, no con multitud ni con alboroto."
La mujer de Félix era judía, de nombre Drusila. Ante su presencia tuvo oportunidad Pablo de hablarles acerca de la fe en Jesucristo, "25 Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó..." y no quiso continuar escuchándole. El apóstol tocó tres aspectos sensibles para cualquier persona:
1) La justicia de Dios. La mayoría de la gente cree que para ser considerados justos por Dios hay que ser una buena persona, obrar bien, hacer caridades, etc. Es decir creen en la justicia propia y desconocen abolutamente que la justicia de Dios no se basa en nuestra actuación sino en Su actuación. Él nos amó primero, por lo tanto lo único que pide de nosotros es confiar, creer en Él. La justicia es por fe. Muy pocos están dispuestos a aceptar algo así.
2) El dominio propio. No es agradable darse cuenta que nos falta mucho para ser personas que dominamos nuestras pasiones, nuestra lengua, nuestras ambiciones, nuestro carácter. Sólo el poder del Espíritu Santo puede capacitarnos para tener dominio sobre la carne. Para ello hay que ser humilde, reconocer que no tenemos tal templanza y que necesitamos de Dios.
3) El juicio venidero. Inexorablemente se acerca el juicio final, el juicio que Jesucristo hará de todo ser humano. En vista de tal acontecimiento, Dios nos invita a arrepentirnos y creer. Quienes acepten a Jesús como Salvador no necesitarán ser llamados a ese juicio, puesto que ya han sido juzgados en la cruz de Cristo y Él ha pagado el precio de sus pecados. Mas toda persona que no crea en Jesús o que nunca aceptó Su llamado, será juzgada conforme a sus obras. ¿Queremos ser juzgados por nuestras obras o preferimos ser eximidos de ese juicio final y ser aceptados eternamente por el Señor?
Félix no tenía un corazón recto sino corrupto. Dice el Texto que "26 Esperaba también con esto, que Pablo le diera dinero para que le soltase; por lo cual muchas veces lo hacía venir y hablaba con él." Dos años lo retuvo Félix hasta que, terminado su cargo, lo dejó en manos de su sucesor Porcio Festo.
En el camino de la fe cristiana y la evangelización del entorno, nosotros también nos encontraremos con elocuentes y zalameros Tértulos que atacarán nuestras creencias, como con corruptos, sucios e interesados Félixs que querrán explotarnos o sacar alguna ganancia de nosotros. Aunque parezca que ellos nos roban el tiempo y atan nuestras manos impidiendo el progreso de la causa cristiana, no es así, porque nos asiste el mismo Espíritu que animó a San Pablo a continuar predicando día a día donde fuera que se encontrara.

lunes, 7 de junio de 2010

HECHOS 23: EL ESPÍRITU SANTO ESTRECHA EL CAMINO.

Pablo, en el capítulo anterior, cuenta como en éxtasis el Señor le dijo: "Date prisa, y sal prontamente de Jerusalén; porque no recibirán tu testimonio acerca de mí." Al principio él argumentó: "Señor, ellos saben que yo encarcelaba y azotaba en todas las sinagogas a los que creían en ti; y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo mismo también estaba presente, y consentía en su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban." Pero Jesucristo le ordenó: "Ve, porque yo te enviaré lejos a los gentiles."

Pero la multitud gritaba, arrojaba sus ropas y lanzaba polvo al aire, odiando al apóstol. Ante ello, el tribuno Claudio Lisias mandó que le metiesen en la fortaleza y que fuese examinado con azotes, para saber por qué causa clamaban así contra él. Pero Pablo dijo al centurión: "¿Os es lícito azotar a un ciudadano romano sin haber sido condenado?" El tribuno le preguntó: "Dime, ¿eres tú ciudadano romano? El dijo: "Sí... lo soy de nacimiento." Al saber que era ciudadano romano, tuvo temor por haberle atado.

Queriendo saber la causa real por la que le acusaban los judíos, le soltó de las cadenas, mandó venir a los principales sacerdotes y a todo el concilio, y sacando a Pablo, le presentó ante ellos.

El capítulo 23 comienza con esta audiencia ante el concilio, la que termina con una discusión teológica entre saduceos y fariseos "8 Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; pero los fariseos afirman estas cosas."

Aquella noche, en prisión, el Señor le habla nuevamente a Pablo: "11 ... Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma."

Conociendo Pablo que la voluntad del Señor para su ministerio es llevarlo hasta el mismo centro del imperio romano, cuando su sobrino le advierte que hay un complot judío contra él, le ordena que lo comunique al tribuno. Así es como el joven le da aviso a este: "20 Los judíos han convenido en rogarte que mañana lleves a Pablo ante el concilio, como que van a inquirir alguna cosa más cierta acerca de él. / 21 Pero tú no les creas; porque más de cuarenta hombres de ellos le acechan, los cuales se han juramentado bajo maldición, a no comer ni beber hasta que le hayan dado muerte; y ahora están listos esperando tu promesa."

Entonces el tribuno le hace salir escoltado en cabalgaduras hacia la ciudad de Cesarea, con carta para el gobernador Félix, quien ordenó "35 ... que le custodiasen en el pretorio de Herodes."

Así se estrecha cada vez más el camino de San Pablo, como lo cuenta el libro de los Hechos. De igual modo se estrechará el camino del discípulo de Jesucristo, en la medida que esté entregado a la voluntad de Dios. El Señor quiere utilizarnos de un modo particular, mas para ello necesita de nuestra total rendición. Aquí vemos a un Pablo en permanente vida de oración, teniendo comunión íntima con Jesús, quien le habla y guía en su camino. ¿Cuál es el camino que desea Él que nosotros recorramos? ¿Estamos dispuestos a continuar en él, hasta las últimas consecuencias?

jueves, 3 de junio de 2010

HECHOS 22: EL ESPÍRITU SANTO CONVIERTE VIDAS.

En este capítulo, nuevamente se relata la conversión de San Pablo. En el capítulo 9: 1-19 es el historiador San Lucas quien cuenta ese hecho extraordinario del Espíritu Santo. En Hechos 22:6-16 lo hace por medio del testimonio del apóstol ante el pueblo de Jerusalén.

Si fundimos ambos textos obtenemos el siguiente relato:
Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén. Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, como a mediodía, repentinamente le rodeó mucha luz, como un resplandor del cielo.

Cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” El dijo: “¿Quién eres, Señor?” Y le respondió: “Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.” Él, temblando y temeroso, dijo: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?, ¿Qué haré, Señor?” Y el Señor le dijo: “Levántate, ve y entra en la ciudad de Damasco, y allí se te dirá todo lo que debes hacer.”

Los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, vieron la luz, y se espantaron; oyeron la voz, pero no la entendieron ni vieron a nadie.

Entonces Saulo se levantó del suelo, y abriendo los ojos, no veía a nadie a causa de la gloria de la luz; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió.

Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban, a quien el Señor dijo en visión: “Ananías.” Y él respondió: “Heme aquí, Señor.” Y el Señor le dijo: “Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista.” Entonces Ananías respondió: “Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre.” El Señor le dijo: “Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.”

Fue Ananías a Saulo y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, le dijo: “Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Hermano Saulo, recibe la vista.” Y en aquella misma hora le cayeron de los ojos como escamas, y recobró al instante la vista y lo miró. Y Ananías dijo: “El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca. Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído. Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.”

Levantándose, fue bautizado. Habiendo tomado alimento, recobró fuerzas y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco.
He aquí el testimonio de la vida de un hombre que es llamado y convertido por el Espíritu Santo. Vemos, también, el testimonio de Ananías, un discípulo humilde y obediente, usado por el Señor para ungir y profetizar al que será el apóstol de los gentiles. Ambos fueron necesarios para el desarrollo de la Iglesia y la extensión del Evangelio del Reino.

miércoles, 2 de junio de 2010

HECHOS 21: EL ESPIRITU SANTO NOS LLAMA A DAR LA VIDA.

El apóstol llega a la ciudad de Tolemaida, saluda a los discípulos y permanece con ellos un día. "8 Al otro día, saliendo Pablo y los que con él estábamos, fuimos a Cesarea..." relata Lucas. Entra en casa de Felipe, ahora evangelista, y aloja allí. "9 Este tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban." El don de profecía, esa capacidad de hablar palabras inspiradas por el Espíritu Santo, para edificación de los oyentes, era frecuente en esa época.

Permanecieron en casa de Felipe algunos días, hasta que "10 ... descendió de Judea un profeta llamado Agabo" Éste pronunció una profecía e hizo una acción profética: "11 ... tomó el cinto de Pablo, y atándose los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles."

Quienes escucharon y vieron esta profecía rogaron al Apóstol que no subiese a Jerusalén. "13 Entonces Pablo respondió: ¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús."

¿Cómo reaccionaríamos nosotros si escucharamos una profecía similar, una aseveración de ese calibre? ¿Estaríamos dispuestos a continuar nuestro proyecto evangelizador o lo pensaríamos dos veces antes de seguir exponiéndonos? Tal vez, luego de escuchar a nuestros hermanos y familiares, llegaríamos a la conclusión de que debemos ser más prudentes y que, por causa de la obra, tenemos que cuidarnos.

En cambio Pablo, el siervo de Dios, dijo: "yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús." Él estaba dispuesto a no defenderse de la persecusión, dispuesto a ser apresado y atado por la causa de Cristo. Él estaba preparado psicológica y espiritualmente a dar su vida por el Señor. Como Jesús había sido torturado, crucificado y muerto en Jerusalén, Pablo no evitaría la muerte por el nombre del Salvador. Como discípulo de Jesucristo, este Apóstol nos dejó la vara muy alta. Si como gentiles somos sus seguidores, debemos pisar sus huellas.

Sus compañeros no pudieron persuadirle de lo contrario y finalmente dijeron: "14 ... Hágase la voluntad del Señor." San Pablo murió decapitado en Roma, después de haber predicado el mensaje de Jesucristo en todo el Imperio Romano, incluso en la casa del César. Como él, prisionero de Cristo, durante los veintiún siglos siguientes han sido numerosos los que han entregado sus vidas hasta la muerte por Jesucristo. ¿Estamos nosotros dispuestos también?

martes, 1 de junio de 2010

HECHOS 20: EL ESPÍRITU SANTO REUNE AL PUEBLO DE DIOS.

Pablo llega a Grecia y permanece allí tres meses, hasta que los judíos le ponen obstáculos. Entonces decide regresar por Macedonia. Le acompañan hasta Asia siete discípulos: Sópater de Berea, Aristarco y Segundo de Tesalónica, Gayo de Derbe, Timoteo; de Asia, Tíquico y Trófimo; más el "médico amado", Lucas, narrador del libro. Navegan desde Filipos al puerto de Troas "6 ... donde nos quedamos siete días."

Cuenta San Lucas que "7 El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche." El grupo de hermanos está reunido en el aposento alto, una sala amplia donde se acostumbraba también comer, por lo que es llamada cenáculo. Es iluminado el lugar con "8 ... muchas lámparas..."

Utiliza el libro de los Hechos aquí por segunda vez el término "partimiento del pan". La primera fue en el capítulo 2 cuando dice: "Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones." (Hechos 2:42) Los primeros cristianos eran de un mismo sentir y pensamiento, su fundamento teológico era "la doctrina de los apóstoles", su experiencia de vida cristiana se hacía en la "comunión unos con otros" -había unidad, una común unión entre todos, pese a la diversidad de orígenes-, también estaban unidos en la liturgia o vida ritual: la cena del Señor o "partimiento del pan" y la oración.

En el Evangelio del mismo escritor se habla de ese "partimiento del pan": "Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan." (San Lucas 24:35) Los discípulos de Emaús pudieron identificar al Maestro sólo observándole partir el pan.

Los cristianos acostumbraban celebrar la Cena del Señor o partimiento del pan el domingo, primer día de la semana, probablemente como solemnidad de la resurrección del Señor. Los discípulos y el apóstol estaban reunidos allí con un propósito específico, no menor: "7 El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan..." Era ocasión especial para escuchar también una enseñanza del apóstol.

No desechemos la reunión, culto o celebración del domingo, para estar en comunión con nuestros hermanos en la fe, la Iglesia que es el Cuerpo de Cristo y "baluarte de la Verdad". Tampoco miremos en poco aquella sagrada ordenanza del Señor, que es la Santa Cena. Recordemos como Él, en el cenáculo, "Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí." (San Lucas 22:19)

Estas palabras no son son una opción, son nuestro derecho pero también una orden del Señor: "... haced esto en memoria de mí."