lunes, 16 de enero de 2017

2 TIMOTEO 1: EL BUEN DEPÓSITO.



 
12 Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día. 13 Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. 14 Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros.  

Hay una palabra curiosa en este texto: “depósito”. Se repite dos veces esta idea de guardar un depósito. Actualmente la utilizamos en nuestras finanzas personales o comerciales, tenemos un depósito de dinero en el banco, un ahorro o un capital que deseamos multiplicar. Un depósito es también un contenedor de algo, como un depósito para guardar agua, el depósito siempre es “depositado” por alguien.  

Podríamos entender entonces que Dios ha depositado en nosotros algo muy especial y valioso. El Señor depositó en primer lugar la fe en nuestro corazón; puso esa convicción de que Él es real, nos ama y ha perdonado todas nuestras faltas, nos ha limpiado con Su preciosa sangre y dado Su Espíritu y una nueva vida. ¡Qué tremendo depósito llevamos en nosotros! 

No es bueno guardar mucho dinero en casa, corre peligro de ladrones o incendio; mejor es depositarlo en el banco. Además allí gana intereses, cosa que no sucede en casa, o como dicen en mi país “no hay que guardar la plata debajo del colchón”. Un tesoro tan valioso como es la salvación y la Palabra de Dios debe ser guardado en lugar seguro.  Dios es poderoso para guardar mi depósito. Él es el mejor Banco espiritual. Nuestro Banquero Divino protege estos bienes espirituales de cualquier contaminación y enemigo. Nada ni nadie podrá arrebatarnos la fe en Jesucristo, el amor de Dios y la esperanza en Él. “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; / sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. / Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” (San Mateo 6:19-21) 

Hay depósitos en cuentas de ahorro permanente, de las cuales se puede girar cierta cantidad de veces en el año, como también están los depósitos a plazo. En este caso nuestro depósito de fe se guardará hasta el día en que Jesucristo regrese a buscarnos en la primera resurrección durante el arrebatamiento o rapto de la Iglesia. El Señor mismo, nuestro Banquero Celestial, es poderoso para guardar mi depósito para aquel día. Los cristianos esperamos aquel día en que Él vendrá a buscar a Su pueblo. Los que estén muertos resucitarán y los que estén vivos serán arrebatados, ambos serán llevados a los cielos con Cristo. Pero esto sucederá sólo a quienes tienen el buen depósito.  

Es necesario que cada creyente retenga en su corazón y mente las sanas palabras del Evangelio de Jesucristo, que crea en ellas y las practique con amor a Dios y al prójimo. Nuestra fe no es teoría sino acción, compromiso, vida. Este es nuestro buen depósito y debemos cuidarlo. Si bien es cierto está en los cielos, también está en nuestra alma y espíritu. La mente comprende la Verdad de Dios y se alimenta y edifica con ella, pero el Espíritu Santo que vive en nuestro espíritu, como una llama divina vivificante, guarda y protege ese depósito. El consejo del Apóstol de los gentiles, nuestro apóstol, es: Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros.



jueves, 26 de noviembre de 2015

1 TIMOTEO 6: DEBERES Y DERECHOS



1 Todos los que están bajo el yugo de esclavitud, tengan a sus amos por dignos de todo honor, para que no sea blasfemado el nombre de Dios y la doctrina. 2 Y los que tienen amos creyentes, no los tengan en menos por ser hermanos, sino sírvanles mejor, por cuanto son creyentes y amados los que se benefician de su buen servicio. Esto enseña y exhorta.

En la época del apóstol Pablo existía la esclavitud. El mensaje del apóstol no está dirigido a que los esclavos se rebelen contra sus amos ni para abolir la esclavitud; no es un mensaje político sino espiritual. Reconoce que la esclavitud es un “yugo”, pero les enseña que respeten a sus amos, que los honren pues están bajo su autoridad. El apóstol siempre visualiza la autoridad que existe sobre todo hombre y mujer: en el matrimonio ve a Jesucristo como cabeza de la familia, al esposo por cabeza de la esposa y a los hijos sujetos bajo sus padres. Nos hace ver todas las relaciones humanas familiares, laborales y ciudadanas, en un orden dado por Dios. Cuando les enseña a los esclavos cristianos a obedecer a sus amos y dignificarlos,  lo hace para que el Señor y Su Evangelio sean respetados. De ese modo muchos amos llegaron al conocimiento del Señor y luego liberaron a sus esclavos, los que se conocía como “libertos”. Para los que tenían amos cristianos, ordena no considerarlos menos por ser hermanos, sino servirlos con amor.

En la actualidad no existe la esclavitud, salvo en algunos lugares del mundo de forma ilegal. Tal cosa no significa que esta enseñanza no sea para nosotros. Si bien es cierto no somos esclavos pero sí estamos sometidos en yugo a un jefe que es autoridad en el trabajo que cada uno realiza. Debemos obediencia y respeto a los jefes, como una mayor consideración en caso de que sean cristianos. No estemos tan prestos a reclamar nuestros derechos, más que a cumplir los deberes que tenemos en el trabajo “para que no sea blasfemado el nombre de Dios”. Hoy en día existe la tendencia a hacer prevalecer la doctrina secular de los “derechos humanos” por sobre los deberes, la obediencia y el orden que nos enseña a respetar la Palabra de Dios. Necesitamos encontrar en la vida cristiana un equilibrio entre derechos y deberes, entendiendo que Dios tiene el mayor derecho a gobernarnos.

Lo que los apóstoles hicieron con su prédica fue sembrar en los corazones la semilla de la fe; enseñaban a esclavos y amos a vivir como hermanos. Con el tiempo esa semilla de fe y amor daría su fruto. Los pastores que siguieron a los apóstoles ya soñaban con una sociedad sin esclavos. La abolición de la esclavitud fue un largo proceso social en el cual la doctrina cristiana tuvo gran peso. 

 

lunes, 19 de enero de 2015

1 TIMOTEO 5. UN MINISTERIO RESPETUOSO.

 
1 No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos; 2 a las ancianas, como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza.
Estos dos versículos dan cuenta del respeto con que debe desarrollar su ministerio el joven pastor y todo ministro de Dios, en su trato con los hermanos cristianos en sus distintas edades.
No es correcto que un ministro de Dios reprenda a las personas de edad, con mayor razón si es un ministro joven. Es indudable que aquí no se trata de los “ancianos” o presbíteros de la iglesia, sino de los de avanzada edad. En la sociedad actual se considera anciano a un hombre o mujer de más de ochenta años, y se habla de la “tercera edad” para los que tienen más de sesenta. Es probable que en la época del apóstol, en una cultura greco-romana que valoraba tanto lo físico, fuese considerado anciana alguien mayor de cincuenta años. Los pastores y predicadores deben respetar a los de mayor edad en la iglesia, por respeto a sus años de experiencia y porque podrían ser sus padres. Lo único que cabe es la exhortación, es decir persuadir con palabras apropiadas, razones y hasta ruegos acerca de aquel asunto que está mal en la vida del anciano o anciana. Para que deje de pecar o cometer un error, el ministro lo tratará con respeto, procurando convencerlo para que cambie de actitud, pero jamás le obligará. Hágalo como si fuera su propio padre.
En el caso de predicar o discipular a jóvenes, actúe como si fueran sus propios hermanos, respetuosamente, poniéndose en el lugar de ellos, teniendo en cuenta las dificultades que vive la juventud en su proceso de crecimiento y en su paulatina adaptación a un mundo adulto lleno de exigencias. El testimonio del ministro joven es fundamental; él debe enseñar con su propia experiencia a los jóvenes de la iglesia.
 
La relación del ministro con las ancianas de la comunidad cristiana será, al igual que con los ancianos, como si ellas fuesen su madre. A una mamá se le trata con respeto, cariño, delicadeza, amor, consideración. Es bueno que la esposa del ministro de Dios le apoye con su testimonio. Ella será un ejemplo para las hermanas, en una relación exenta de autoritarismos y más que nada, respeto.
Las jovencitas son vidas en crecimiento, vasos frágiles que requieren ser enseñadas con delicadeza, usando un lenguaje adecuado y respetuoso. Tal como trataría a sus hermanas, con toda pureza, predique a las niñas y jóvenes.
 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

1 TIMOTEO 4. LA APOSTASÍA.

 
"1 Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; / 2 por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, / 3 prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad. / 4 Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; / 5 porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado."

Apostatar es negar la fe de Jesucristo recibida en la conversión. Son apóstatas los cristianos que vuelven al mundo, renegando de su fe en Dios. Los ateos y agnósticos no pueden ser apóstatas pues jamás han creído. No hay cosa más triste que alguien que abandona la fe en Jesús, después de haber disfrutado del amor de Cristo y el cariño y orientación de sus pastores y hermanos en la fe.

En este texto, el Espíritu Santo profetiza que en los últimos tiempos algunos cristianos se volverán apóstatas. Esto será resultado del trabajo malévolo de espíritus que les engañarán con falsas doctrinas. Obviamente esos “espíritus” no son espectros ni fantasmas, sino personas utilizadas por espíritus del diablo con el propósito de desorientar y sacar a los cristianos de su posición de fe. Esas personas malintencionadas podrán hacerlo porque a su vez están engañadas por el diablo o porque llevan en sus corazones frustración y amargura, renegando de Dios y Su Verdad. Quieren arrastrar a otros a su misma condición.

Sin embargo no debemos responsabilizar únicamente a esos “espíritus engañadores” de desviar de la fe a estos cristianos, sino también a los engañados porque no cuidaron su alma y su espíritu, no hicieron uso de las herramientas que el Señor nos ha dado a todos los creyentes para fortalecernos: la oración, la Palabra de Dios, el ayuno, la adoración, el discipulado.

Dios nos ha dado Su Espíritu Santo y con Él, el discernimiento de espíritus. Esto permite al cristiano evaluar cuando una enseñanza no es correcta. Por otro lado, si ha sido responsable en leer y estudiar la Biblia cada día, podrá corroborar si lo que escucha o lee está acorde con la Palabra de Dios. Quien descuida la lectura bíblica y no es fiel en seguir las enseñanzas de su pastor, está expuesto a ser presa de cualquier doctrina extraña y ajena a la Verdad del Señor. Es muy importante que tengamos completa claridad del mensaje del Evangelio de Jesucristo y no descansemos jamás en el estudio y práctica de él, como en la oración para que Dios nos guíe y proteja en ese aprendizaje.

Una de las características de la falsa doctrina es llevar la atención de las personas hacia lo superfluo y externo, alejándolas de lo profundo e interno. Por ejemplo los judíos estaban muy preocupados de lavarse las manos antes de comer y guardar la ceremonia de las abluciones porque les preocupaba ser contaminados por lo externo; pero el Señor les dice que no es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre, sino lo que sale del corazón. El religioso se preocupa demasiado de lo que come o bebe y no se ocupa en quitar el pecado de su corazón, la envidia, el egoísmo, la avaricia, la ira... El religioso considera el sexo como algo sucio porque su mente es inmunda; sin embargo Dios ha creado el sexo para la multiplicación y el disfrute del amor de los esposos. Dios no prohíbe el matrimonio, por el contrario lo bendice.

Todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado.
 
 
 

sábado, 23 de agosto de 2014

1 TIMOTEO 3. EL MISTERIO DE LA PIEDAD.




14 Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, 15 para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad. 16 E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:
Dios fue manifestado en carne,
Justificado en el Espíritu,
Visto de los ángeles,
Predicado a los gentiles,
Creído en el mundo,
Recibido arriba en gloria.
 

Pablo desea visitar pronto a su discípulo Timoteo, que pastorea en Éfeso, para apoyarlo en el ministerio y corregirle en aquellos aspectos que requiera mejorar en su liderazgo. Y le adelanta algo de lo que le enseñará cuando lo visite. Traza así lo que él llama “el misterio de la piedad”, el secreto revelado por el Espíritu Santo ahora, en los últimos tiempos, cuando vino el Hijo de Dios a esta tierra y se hizo Hombre. Este “misterio” o revelación tiene seis aspectos (curioso que no sean siete, número de perfección en la cultura hebrea):

Primero “Dios fue manifestado en carne”, naciendo de una virgen por acción del mismo Espíritu Santo. Jesucristo no es un simple humano. Él es Dios hecho Hombre.

Segundo, este Hombre llamado Jesús fue “justificado en el Espíritu”, es decir que al entregar Su vida en la cruz vino a ser justicia de Dios para todo ser humano que lo reconozca como su Salvador.

Tercero, fue “visto de los ángeles”; los seres celestiales fueron testigos de Sus hechos poderosos, sanando enfermos, liberando a los cautivos del diablo, resucitando muertos. Le vieron conversando con Moisés y Elías en el monte de la transfiguración, entregar Su vida en el Gólgota, descender al Seol y predicar a los espíritus encarcelados, liberarlos, resucitar de entre los muertos y ascender a los cielos.

Cuarto “predicado a los gentiles” en todo el mundo, por más de veinte siglos; tarea que comenzó en Jerusalén, siguió por Judea, continuó en Samaria y se extendió hasta lo último de la Tierra. Casi toda nación, cultura y etnia han escuchado y leído acerca de Jesucristo y Su Evangelio de salvación. Falta muy poco para que todo el planeta sepa acerca del Señor.  

Quinto, “creído en el mundo”. Llegará el día en que todos los hombres y mujeres creerán en Jesús, porque le habrán visto. Será un tiempo de victoria en que Él gobernará con justicia el mundo.

Sexto, “recibido arriba en gloria”. La ascensión de Jesucristo a la gloria es el hecho más trascendente de la Historia. El Hijo de Dios también es el Hijo del Hombre. Su ascensión es nuestra ascensión. Somos victoriosos en Él. Él fue recibido por los ángeles y demás seres celestiales, para ocupar el lugar de mayor autoridad sobre el universo, es lo que se nombra como “el trono de Dios”.

El séptimo elemento de este “misterio de la piedad” usted puede encontrarlo en 1 Corintios 15:24-28.

Nota: La Biblia utiliza la palabra griega musterion que se deriva de la palabra meuo la cual significa "iniciar en (los misterios)," o sea revelar secretos. Musterion significa un secreto, rito, o enseñanza la cual el iniciante conoce pero nadie mas conoce.
 

jueves, 22 de mayo de 2014

1 TIMOTEO 2. ORACIÓN CON UN ALTO PROPÓSITO.


 

1 Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; 2 por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. 3 Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, 4 el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

La Palabra de Dios nos exhorta en la oración poner en primer lugar –“ante todo”- el hacer: a) rogativas, b) oraciones, c) peticiones y d) acciones de gracias. Debemos rogar con un corazón sincero y con insistencia, para que todos tengan salud física y espiritual, trabajo y prosperidad. Lo que hemos de hacer serán oraciones, es decir una clara y espontanea conversación con Dios, y no vanas repeticiones. El contenido de estas oraciones será peticiones y acciones de gracias; hay muchos motivos de solicitud al Señor, como también de gratitud por Su cuidado amoroso.

Vistos los contenidos de esta práctica exigida por Dios a los cristianos, pasa a decirnos por quienes serán levantadas estas rogativas y oraciones: 1) por todos los hombres; 2) por los reyes y 3) por todos los que están en eminencia. No hay persona por la cual no sea digno pedir o dar gracias; debemos orar por todos, amigos y enemigos, familiares y vecinos, compañeros de trabajo y de ocio, buenos y malos, etc. “Los reyes” son las autoridades de gobierno: presidentes, ministros, congresales, jueces, generales. Ellos, aparte de la función gubernamental que pesa sobre sus hombros, son personas con familias y necesidades espirituales; necesitan de nuestra oración. Cualquier persona que ocupa una jefatura o ejerce autoridad en la sociedad, a cualquier nivel, o en la Iglesia, será objeto de rogativas. Cubramos en oración a todo el barrio, la ciudad, la región y el país.

El Apóstol nos ha hablado acerca de los contenidos y los beneficiados por la oración del cristiano. Y ahora agrega el motivo: “para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.” Al rogar por todos los que nos rodean, estaremos cumpliendo nuestra función sacerdotal, seremos apreciados por la comunidad y Dios nos protegerá con Su Espíritu Santo. El premio de obedecer a la voluntad de Dios es experimentar una vida de paz, devoción y santidad. Si bien es cierto, este es el motivo que nos beneficia a nosotros, hay otros de mayor importancia para estas rogativas por todos los hombres, y son las razones de Dios:

1)      Esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador. Es lo que Él quiere para el funcionamiento del pueblo cristiano en medio de la sociedad. Somos los encargados de rogar por todos, algo así como el alma de la comunidad, encargados de hacer intercesión por ellos.

2)      Dios desea que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. El más profundo deseo de Dios es la salvación del alma humana. A tal punto llega su amor por la Humanidad que envió a Su Hijo a esta Tierra para tomar nuestro lugar de castigo en la cruz y morir por nosotros. Todo aquél que reconociendo su pecado, crea en Jesucristo, será salvado de la eterna condenación y conocerá la Verdad.

Este es el más alto propósito de Dios y por lo que debemos orar día y noche.

 

domingo, 16 de febrero de 2014

1 TIMOTEO 1. FORTALEZA Y FIDELIDAD.


 "trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti,
la cual habitó primero en tu abuela Loida,
y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también."
2 Timoteo 1:5
 
 
 
12 Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio, 13 habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad. 14 Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús. 15 Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. 16 Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna. 17 Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

San Pablo agradece a Dios por la fortaleza que le concedió. ¿En qué aspectos fortaleció el Señor al Apóstol? La fortaleza es un don de Dios necesario para enfrentar las circunstancias difíciles de la vida; es la fuerza del Señor, la perseverancia y el coraje que nos permiten obedecer la voluntad de Dios en todo momento. En el caso de Pablo, le fue dada fortaleza para:

a)      Permanecer en la convicción de haber sido llamado por Jesucristo a una misión específica, anunciar el Evangelio a los gentiles.

b)      No darse por vencido frente a la oposición y persecución de sus propios hermanos judíos.

c)      Enfrentar necesidades materiales y enfermedad, sin dejar de cumplir la orden del Señor.

Ayudado por esa fortaleza sobrenatural, pudo mantenerse fiel. La fidelidad es esa conducta firme y constante que tiene una persona tanto en sus afectos, como ideas y obligaciones. El fiel no cambia en su amor, inclinación o compromiso. En el caso del cristiano, fidelidad es lealtad, observancia de la fe que se debe al Señor y Su Iglesia. El discípulo fiel es puntual y exacto en la ejecución de su servicio a Dios. Al que supo cumplir la misión, Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.” (San Mateo 25:23)

El Apóstol se maravilla de que  habiendo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador del Señor y Sus hijos, hubiese tenido tanta misericordia que finalmente le llamó al ministerio. Se lo explica también, aunque no lo justifica, porque lo hizo por falta de fe y por ignorancia espiritual.

La gracia del Señor, Su gran amor, “fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús.” La fe que nació en su corazón y el amor, aunque equivocado en su proceder, que Pablo sentía hacia Dios, intensificaron y aumentaron la gracia Divina. Esto que le aconteció a él es una experiencia que todo ser humano debiera vivir, la salvación de su alma. Por eso continúa diciendo “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.” No se exime de la condición de pecador. Pablo es tan pecador como nosotros.

En su conversión él ve una enseñanza y explica: “por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna.” Sin duda lo ha sido para todos los que hemos leído sus testimonios en el libro de los Hechos, escrito por su ayudante Lucas, como a través de sus trece cartas que, además de contener rica teología, trasuntan una personalidad sufrida, amorosa, comprometida con Cristo y la Iglesia hasta la muerte. Dios le introdujo en la fe de Jesús para ser un ejemplo a todos los gentiles.

Pero ello no es para levantarlo como un redentor ni intercesor, sino para glorificar una vez más “al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios”